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Ni el frío espanta a los quiteños de su festividad

Ni el frío espanta a los quiteños de su festividad
04 de diciembre de 2011 - 00:00

Los versos “Qué lindo es mi Quito, con su cielito lleno de estrellas...” venían a la mente junto con la tonadita, a cargo  de la banda municipal que dio inicio al Desfile de la Confraternidad en la Avenida de los Shyris, ayer, a las 09:30, cuando el cielo capitalino lucía nublado.

Rosario Cepeda llegó muy temprano para instalar su puesto de venta de comidas típicas, en uno de los estacionamientos del parque La Carolina. “¡Venga, venga, sí tengo las papitas con menudo, yahuarlocro, hornado!”, gritaba, mientras en ambos  costados de la avenida ya las filas de sillas plásticas estaban todas ocupadas por un público muy diverso; familias enteras cruzaban el inmenso parque desde las avenidas circundantes para llegar a tiempo y conseguir un buen sitio. Felipe Caiza, un ex estudiante de la Unidad Educativa Municipal Sucre, se apostó en la vereda occidental junto a su madre, a la espera de  la delegación de su colegio.

Los participantes en el desfile se dividieron en 8 bloques, representados por un carro alegórico. Sucesivamente aparecieron los personajes característicos de Quito: los capariches, con sus escobas y sus pantaloncitos de basta corta; los chullas quiteños, con sus sombreros, la pulcritud de sus trajes y su galantería; los músicos, en alusión clara a la serenata quiteña; las hierbateras, tradicionales vendedoras de hierbas medicinales; y hasta varias mujeres disfrazadas de la “Torera”, aquella mujer que se convirtió en un personaje emblemático de la cultura popular quiteña a mediados del siglo XX y cuyo nombre real fue Ana Bermeo.

4-1-11-quito-desfile-quitoCon sombreros estrafalarios y trajes que pretendían ser elegantes, las señoras reían al pasar y al escuchar los aplausos del público. Doña Rosario encargó su negocio por unos minutos a su hija para acercarse un poco más al borde de la acera y disfrutar de las comparsas.

Aparecieron enseguida los representantes del hospital Eugenio Espejo, del colegio La Salle, de Cotocollao, con sus bastoneras y tamborileros, precedidos por el primer carro alegórico: un tren gigante en cuyos vagones aparecían las fachadas de algunos de los más importantes templos coloniales del Centro Histórico, haciendo alusión al título de “Quito, Capital americana de la cultura”. Felipe presenció de puntillas la participación de su colegio e identificó a sus ex profesores. “Don Víctor, hola!”, gritó, para llamar la atención de uno de ellos.

En la tribuna de Los Shyris, en la parte alta, el alcalde de Quito, Augusto Barrera; y otras autoridades municipales, escuchaban la presentación que de cada comitiva hacían los dos animadores del evento.

Llegó el turno de la reina de Quito, Andrea Callejas, quien apareció a bordo de un carruaje blanco halado  por un caballo. A la soberana le siguieron la Unidad Educativa San Andrés, con la banda de músicos de San Pedro, el colegio THE, tocando Edén de maravillas, entre otros. Uno de los presentes comentó con su esposa: “¿Será que van a estar los del Mejía? ¡Esa banda es pepa, igual que la del Montúfar!”.

En efecto, luego de casi tres horas de desfile, apenas el bombo de la Banda Estudiantil del Colegio Nacional Mejía dio el golpe de inicio, los presentes estallaron en aplausos, quienes estaban en la tribuna se pusieron de pie, silbaron y gritaron para alentar a los estudiantes y músicos que el año pasado no pudieron estar presentes en este acto por haber sido amonestados luego de protagonizar confrontaciones con estudiantes del colegio Montúfar.

Esta vez, con polvo de colores amarillo y azul, en representación del estandarte de la institución, con papel picado y un fuerte apoyo logístico, la delegación del “Patrón Mejía” acarreó consigo a la mayoría de asistentes, cuando eran las 14:40, y sin detenerse, continuó su marcha por la avenida Eloy Alfaro, rumbo al local de la institución.

Un numeroso grupo de personas hizo una parada en el quiosco de doña Rosario para degustar sus platos. Una hora más tarde, el negocio había sido todo un éxito.

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