Los grafiteros se organizan frente al estigma social

- 12 de noviembre de 2018 - 00:00

Luis Calispa es propietario del local Black Book, especializado en la venta de spray para pintar paredes.

Es de los pocos grafiteros que han hecho de la pintada de fachadas su forma de vida y gracias a lo cual tiene clientes.

“El grafiti es libertad, mi estilo de vida es la voz de rebeldía de muchos jóvenes”, manifestó.

Explicó que hay diferentes tipos de grafitis, que van desde los jóvenes que pintan frases de amor hasta los que están en contra de la situación política.

Desde principios de septiembre de este año su situación cambió radicalmente, cuando se ofreció una recompensa para dar con los jóvenes que pintaron grafitis en uno de los vagones que serán parte del Metro de Quito.

Dice que tras ese hecho ahora “la Policía nos reprime, se fijan hasta en nuestra manera de vestir y nos quieren detener supuestamente  hasta por sospechosos”.

Señaló que frente a la censura y persecución, se están organizando para formar una asociación nacional de grafiteros.

Manifestó que debido a la falta de información por parte del Cabildo, desconocían por completo que en la ciudad se habían destinado lugares para pintar grafitis.

“El Municipio jamás socializó ese  tema, por eso los jóvenes ven en las paredes la forma de expresar algo, ya sea a favor o en contra”, aseguró.

Las voces se elevan para exigir que no se los trate como delincuentes

Juan Rivadeneira y Jonathan Mayorga acusan a las autoridades municipales y a la sociedad en general de haberlos estigmatizado  como delincuentes, cuando lo que ellos hacen es expresarse a través de una forma de arte urbano.

“La sociedad nos juzga hasta por nuestra manera de vestir”, resaltó  Mayorga.

Por su parte, Rivadeneira sostuvo que la gente censura porque en realidad desconoce la historia del grafiti. Dijo que si hablamos del Ecuador, Eugenio Espejo fue el primer grafitero, quien expresaba de esa forma su inconformidad con la sociedad de aquel entonces.

Mayorga y Rivadeneira piden a las autoridades locales y nacionales, a la Policía y a la sociedad quiteña y ecuatoriana en general ser más incluyentes y comprensivos con los jóvenes.

“La pared es libertad y rebeldía, solo allí podemos expresar lo que sentimos. Somos artistas de gafitis, necesitamos apoyo, no somos delincuentes”, remarcó Rivadeneira.

Ambos le apuestan al diálogo con el Municipio para poder hacer uso de las paredes que les destinen en la ciudad, aunque de antemano rechazan una censura previa de sus dibujos.

Calispa, Mayorga y Rivadeneira manifestaron que piensan hacer una campaña, con el objetivo de  que el Cabildo quiteño derogue la Ordenanza 282, porque la consideran “represiva”.

Dijeron no temerle a la cárcel, pues para ellos, mientras en la sociedad haya injusticia y jóvenes incomprendidos, siempre habrá un grafitero que utilice las paredes para plasmar ese descontento. (I)

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