Fotos, paseos guiados y arte se congregaron por el 10 de Agosto

11 de agosto de 2012 - 00:00

Radiantes y llamativas, formadas con delicados claveles, seis banderas del Ecuador, una  de la ciudad de Quito,  Unasur y de las Fuerzas Armadas, ofrecen tributo a los 203 años del Primer Grito de la Independencia gestado el 10 de Agosto de 1809. Las ofrendas llamaron la atención de los turistas que prefirieron quedarse   a descansar y pasear por el Centro Histórico de Quito.

Orlando Maldonado, acompañado de su “vieja amiga”, una cámara Nikon, ofrece a los turistas un retrato de calidad junto a los arreglos florales. Dos dólares es el precio de su trabajo. Desalentado mira que la mayoría de visitantes se fotografía  en familia con sus propias cámaras digitales o la de sus celulares.

A pocos metros de ahí, frente al Palacio de Gobierno, un nutrido grupo de gente en silencio y expectante mira la gran pantalla que muestra al presidente Rafael Correa   emitiendo su informe anual a la nación.

Jorge Bustamante, militar en servicio pasivo, sentado en una de las bancas de la plaza, mira atento la gesticulación del Mandatario, mientras asiente con su cabeza cada  frase concluida. “Los índices de pobreza de Ecuador son menores al 10% de la población”,  emite Correa en su mensaje, mientras Bustamante reafirma lo señalado a su ex compañero de armas, Ramiro Criollo. “Este Gobierno sí ha trabajado duro”, dice sin reparos, mientras se acomoda la desgastada gorra roja que lo protege del incesante sol.

Cientos de familias unidas caminan por las diversas plazas que el Casco Colonial alberga. Parsimoniosa y tranquila luce la Plaza del Atrio de San Francisco que   muestra su real arquitectura a cámaras de lentes fotográficos extranjeros. La Plaza de Santo Domingo, casi sin personas, enseña las fotografías de la galería pública que acompañan a la erguida estatua del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. “¿Quién es mami?” pregunta descomplicada  Ana Belén  a  Gladis Casillas, mientras pasan por la plaza apresuradas.

“Es uno de nuestros héroes”, responde casi automáticamente la ama de casa que presurosa sigue con la vista el bus turístico descapotable de dos pisos que se estaciona a pocas calles de allí. El llamativo vehículo recorre los sitios turísticos del centro norte de la capital y casi vacío retorna al bulevard de las Naciones Unidas. “El recorrido es un poco caro (12 dólares) pero mi mami regresó de vacaciones por un tiempo del exterior y quiero que vea desde el segundo piso del bus los cambios que han habido”, cuenta Lorena Pilco mientras sonríe.

“Las fechas cívicas son para recordarlas”, enfatiza Jorge Grando, contador de profesión, quien indica a sus acompañantes que el portar banderas patrias en los balcones de las casonas era una fiel costumbre hace años. “Hoy ya ni eso ponen, ahora la gente ve el feriado, las vacaciones, a dónde viajar en estas fechas”, prosigue visiblemente molesto y resignado. Su nieto Javier  admira, en un local de variedades, un póster de su equipo favorito, mientras en la radio del pequeño local la voz pausada del Jefe de Estado  continúa su marcha.

Las estrechas calles del Centro capitalino, poco a poco se llenan de personas, comerciantes, familias enteras que caminan entretenidas, mientras miran por los gruesos vidrios lo que las casas comerciales ofrecen.

Al costado del Palacio de Gobierno, dos aglomeradas filas copan la calle Espejo. Una ordenada y gruesa dirige a los turistas al museo de cera “Alberto Mena Caamaño” y la otra hacia el museo del Palacio de Carondelet.

“Aquí están las recreaciones de lo que pasó esos años independentistas”, dice a sus padres  Gabriela Quezada, estudiante de Jurisprudencia de la Universidad Central del Ecuador (UCE), señalando al museo de cera.
“Somos de Riobamba y por este día   traje a mis papás para que conozcan los museos de Quito”, explica la joven estudiante.

En el interior, pequeños grupos de personas con celular en mano fotografían las  estatuas de cera de proporciones reales de los personajes donde la escena más requerida por los turistas es la masacre del 2 de Agosto de 1810, ubicada en un laberinto subterráneo de la morada.

“Este es un día de reflexión y viendo estas escenas se me estremece el cuerpo al ver lo que ha pasado en la historia”, expresa, en voz baja, Pamela Parra  a sus parientes que la acompañan.

Los capitalinos y visitantes se protegen del fuerte  sol,  compran bebidas en los locales de venta informal,  mientras en las radios continúa el mensaje presidencial.

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