El español Ponce indulta un toro en apertura de la feria de Quito

26 de noviembre de 2011 - 17:47

El diestro español Enrique Ponce indultó a un bravo ejemplar en la apertura de la feria quiteña "Jesús del Gran Poder", mientras sus alternantes, el también español David Fandila "El Fandi" y el ecuatoriano Martín Campuzano cortaron trofeos.

Se lidiaron ejemplares de Huagrahuasi, que fueron bravos, nobles y permitieron el triunfo de la terna.

El diestro valenciano Enrique Ponce cortó trofeos en la apertura de la feria quiteña en la que logró el indulto del bravo ejemplar "gobernador", de 490 kilos, por su nobleza demostrada en el transcurso de la lidia y gracias a la sapiencia torera del valenciano.

A su primer ejemplar que salió por la puerta de los sustos, de nombre "gracioso" y de 500 kilos, Ponce le hizo una faena a base de insistir las embestidas del bravo toro del que obtuvo una oreja después de simular la suerte suprema debido a que en la plaza desde se desarrolla la feria está prohibida desde este año la muerte del animal en público.

El Fandi logró entusiasmar al respetable con su honradez profesional y levantó al público de sus asientos al cubrir el tercio de banderillas entre los aplausos del respetable. Tres orejas.

Campuzano estuvo con entrega y voluntad en su lote siendo aplaudido en su primero con mucha fuerza y en su segundo cortando trofeos y dando la vuelta al ruedo.

Los entusiastas aficionados que saltaron al albero después de ser devuelto a los corrales el último ejemplar, levantaron a hombros a los diestros españoles que salieron por la puerta grande.

Mañana se lidiarán seis toros, tres de Triana y tres de Peñas Blancas, para el español Miguel Avellán, su compatriota David Mora, que confirma la alternativa, y el ecuatoriano Álvaro Samper.

La Feria de Quito, uno de los festejos taurinos de referencia en América, abrió hoy la puerta de los sustos a unos ejemplares que por primera vez salieron vivos del coso tras la lidia, una medida que no ha aplacado a grupos antitaurinos, que reclaman la prohibición total de las corridas.

La capital ecuatoriana se unió así a las villas portuguesas, los únicos lugares donde el toreo perdura, con la misma sangre brillante sobre el lomo oscuro del animal que causan picadores y banderilleros, pero sin la suerte de matar. EFE

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