Sobre la Alianza del Pacífico y sus propuestas

- 18 de julio de 2016 - 00:00

La Alianza del Pacífico (AP) emergió como una alternativa “pragmática” ante las propuestas de integración lideradas por Brasil y Venezuela. Postulándose a sí misma como una opción para “construir una integración profunda”, la AP busca eliminar las trabas al movimiento internacional de bienes, capitales y personas. Para publicitar esta propuesta, se suele señalar que los países de la AP captan el 47% del flujo de inversión extranjera directa (IED) hacia América Latina. Sin embargo, los beneficios de esa inversión no han logrado reflejarse en la vida cotidiana de millones de pobres en Perú, Chile, México y Colombia.

También, la AP presenta como un logro operar sin burocracia y con la rapidez requerida para las decisiones empresariales. En tal sentido, por ejemplo, se señala que homologarán las “reglas para préstamos o para levantar capital de riesgo, todo indistintamente en los cuatro países. Abrir una empresa tarda dos horas, proceso 100% digital, no importa en cuál de los países se quiera establecer”. Sin embargo, no se cuestiona qué tipo de empresas se promueven, para beneficio de quién y en virtud de qué proyecto económico-político.

En cuanto al flujo de personas, la AP trabaja para facilitar el desplazamiento de empresarios. A esto se suma la promoción de viajes de estudiantes, intercambios y becas orientados a “promover el espíritu emprendedor entre los jóvenes, con un fondo de becas que financie estudios orientados a mejorar la competitividad de pequeñas y medianas empresas”. Nada de lo anterior incluye a la población trabajadora no calificada que está expuesta a la violencia en las fronteras y al abuso laboral.

Esta propuesta de integración “profunda” se jacta a su vez de que “Colombia, Chile, México y Perú tienen una estructura institucional democrática sólida, con mandatarios elegidos periódicamente, mercados dinámicos y globalizados y condiciones favorables a la inversión”. Sus planteamientos van adquiriendo solidez en un contexto latinoamericano marcado por el giro a la derecha y el retorno a lineamientos neoliberales.

En la Tercera Cumbre Empresarial de la AP, por ejemplo, se habló de la definición de políticas públicas para la promoción del comercio. Entre los participantes, se encontraba el presidente Mauricio Macri, quien celebró que en solo 5 años “la Alianza del Pacífico se ha convertido en el pivote de una nueva y pragmática América Latina”.

Esta América Latina parecería ser un territorio solo para empresarios y de empresarios. Desde su origen hasta hoy, la Alianza del Pacífico no hace mención a otros sectores sociales ni intenta tampoco maquillar discursivamente esta ausencia. En sus cumbres y reuniones, en realidad, los funcionarios trabajan por los empresarios y para ellos. (O)

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