Sin zapatos y en la calle

- 02 de diciembre de 2018 - 00:00

El hermano del marchista ecuatoriano Jefferson Pérez, una de las dos personas encargadas de abastecerlo durante la competencia en Atlanta, tuvo que dormir en la calle la noche anterior a que el cuencano lograra la primera y única medalla olímpica de oro para Ecuador,
en 1996.

El campeón marchó con un zapato roto.

En otro sector del país, en la Amazonía, la pesista Neisi Dajomes, campeona mundial juvenil y medalla de bronce en el último mundial de halterofilia, entrenaba debajo de las gradas del coliseo de la ciudad Shell Mera hasta que consiguió, por gestión personal, montar un pequeño gimnasio en el que se ejercita cuando está en Ecuador.
Otra deportista, la marchista Glenda Morejón, ganó en julio de 2017 la medalla de oro en el Campeonato Mundial de Atletismo.

Ella también compitió con los zapatos rotos.
Personalmente fui testigo, hace algunos años, de cómo las velocistas que también son campeonas continentales y consiguen medallas a escala mundial, comían a pie, en una vereda, un refrigerio comprado en una de las tiendas que hay frente a la pista Los Chasquis, en el centro norte
de la capital nacional.

Este recuento evidencia lo que siempre ha pasado con el deporte en el país. No es novedad que los deportistas viajen solos, sin entrenador, psicólogo, masajista y abastecimiento -como debería ser- y que tengan que casi rogar el apoyo de los organismos rectores.

Por eso tampoco ha llamado la atención que el Ministerio del Deporte se convierta en una Secretaría.
Los centros de alto rendimiento se oxidan y empolvan en Río Verde, Durán, Carpuela y Macas. Pasaron de manos del extinto Ministerio, a la Empresa Pública de Centros de Entrenamiento para el Alto Rendimiento y no son económicamente sustentables.

Han pasado 22 años desde que el único medallista olímpico viajó con su entrenador y su hermano y parece que nos hemos detenido en el tiempo.

El deporte que -junto a la educación- representa el progreso de cualquier sociedad, siempre queda a un costado. No importa que transmita valores como la disciplina, la solidaridad, el esfuerzo y la honradez. O será por eso… (0)

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