Docentes con preparación

- 11 de junio de 2018 - 00:00

Pienso que el programa “Time to teach” del Ministerio de Educación es válido cuando se lo ejecuta en forma adecuada y debida.

Todo programa que sirva para reforzar el sistema de enseñanza,  ya sea en el idioma español o en inglés, debe tener sus protocolos y sus convenios si es dado por personal externo del Ministerio de Educación, que abarque métodos de evaluación, parámetros de evaluación, que incluya a personas que hagan el respectivo seguimiento.

En el sistema de educación en general, por ejemplo, hay los programas de Erasmus, por el cual profesores universitarios  jubilados de otras partes vienen a apoyar el sistema de educación superior.

Constitucionalmente partimos de que todo lo que se actúa es de buena fe y que todo debería estar dentro del marco legal.

Desde ese punto de vista, cuando existen obligaciones contractuales y en este caso con la fundación (Edificar), deben haber normas claras que establezcan cuáles mismo son las obligaciones y cuáles las contrapartidas a esas mismas obligaciones.

Eso tiene que ser monitoreado para detectar algún interés o una posible actuación dolosa a través, por ejemplo, de la creación de informes no adecuados a la realidad por parte de algún funcionario del Ministerio de Educación.

De ocurrir aquello caería a un campo de actitud dolosa, a un campo, no de negligencia sino más bien delictivo y eso debería  ser analizado por la autoridad competente, de manera especial si existió de por medio la firma de  un convenio.

Este tipo de convenios son muy  usuales. El objetivo es integrar a personas que sepan del tema y que deben ser calificadas. No es que puede venir al país cualquier persona extranjera porque habla un idioma. Tienen que ser profesores, expertos en docencia del idioma extranjero para que puedan dar clases.

Desde ese punto de vista, cuando llegan acá al país deben ser evaluados por la contraparte nacional y saber si reúnen o no las características requeridas.

Insisto, no puede ser que vengan y se desempeñen en cualquier asunto, incluso vendiendo frutas en un mercado o porque saben inglés vengan a dictar clases. Eso es contraproducente.

Cómo puede enseñar inglés una persona que no es profesor (titulado) y que atiende en el mostrador de una tienda de algún país angloparlante.

Esa persona puede que domine el idioma y que lo escriba y lo hable excelentemente, pero no tiene la metodología ni la didáctica como para enseñarlo en forma adecuada, ni tampoco que posea la preparación y formación necesaria para este cometido.

No es que por ósmosis, o porque se sientan al lado de alguien que sabe hablar inglés los profesores ecuatorianos van a aprender dicha lengua.

Se necesita que quien imparte las clases tenga experticia en la enseñanza del idioma. (O)

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