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La convivencia posible

Es un filme memorable porque muestra a una mujer comprometida con una causa.
13 de diciembre de 2020 00:00

La película italiana La vida ante sí (2020) de Edoardo Ponti, disponible en Netflix, trae a la pantalla a Sophia Loren, anciana, vital en su actuación. Es un filme memorable más porque, si bien está dirigido por su hijo, muestra a una mujer comprometida con una causa: la posibilidad de la convivencia entre culturas y religiones aún hoy en conflicto en Oriente Medio, cuya consecuencia también se siente en el entorno europeo.

La vida ante sí es sobre la relación entre una mujer de tercera edad que vive con pocos recursos y que un día sufre un robo, perpetrado por un niño en algún puerto italiano. A sabiendas que hay quienes cuidan de que estos niños tengan un abrigo y un mejor destino, aquel es luego confiado a la mujer para que lo atienda y guíe. La película, entonces, expone cómo una relación, al principio tensa, poco a poco va transformándose al punto que el niño halla en la anciana el calor que busca.

La película, aunque drama emotivo, es más trascendente que lo anotado. Pues lo que vemos es una relación intercultural. La mujer es alguien que ha sobrevivido a los campos de concentración, es judía, vive tratando de olvidar el pasado, está sola; pese a ello, recibe a niños y niñas desamparadas, tratando de inculcarles ciertos valores hasta el retorno de sus padres o la adopción necesaria. El niño, por otro lado, inmigrante, indocumentado, es resentido, sin familia y ladronzuelo, aprovechado por la mafia local para vender drogas; de origen africano, tiene otros referentes e ignora aún lo que significan ciertas raíces, como el hecho que es musulmán, y que hay narrativas de inmigrantes que le recuerdan ciertos signos culturales que debe interiorizar.

Se trataría de comprender que el mundo europeo contemporáneo es distinto, determinado por la migración desde otros continentes que dejó atrás los valores nacionalistas que primaban en los Estados-nación. El fenómeno que representa Ponti es el de una diversidad oculta, de un conjunto de formaciones sociales que se las comprende estereotipadamente como peligrosas. El miedo a la penetración musulmana en Europa es inminente, además de que las diásporas terminen por transformar las instituciones sociales. Incluso la imagen del judío se muestra anacrónica en tanto el mundo occidental va por la transculturación. Por ello, La vida ante sí, al mostrar la relación entre una judía y un musulmán, ambos abandonados a su suerte, y queriendo volver a encontrar cautelosamente el calor que les hermana, se muestra como una película donde se postula la convivencia pese a las diferencias. Y para que la intención no quede solo en el espectáculo, sentimos que la Loren toma la bandera activista, a sabiendas que su carrera, sólida durante la eclosión del cine italiano, siempre ha tenido un compromiso con lo social. (I) 

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