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Huigra, Naranjito y Yaguachi

02 de enero de 2021 00:00

Enero de 1912 fue un mes de graves convulsiones políticas y una guerra civil con resultados de sangre y muerte. Y todo por el poder. Para esto, el 11 de agosto de 1911, un mes antes de terminar su mandato, Alfaro fue derrocado por una multitud de civiles y militares que rechazaban un sospechoso tercer mandato del caudillo, en vista de que el ganador de las elecciones, Emilio Estrada y Carmona, había pactado con los conservadores, y esto para el Viejo Luchador sería el mejor pretexto para conspirar y retomar el poder. Viendo la ira de la multitud, Alfaro y su familia se refugiaron en la legación chilena y en la noche tomaron un tren expreso rumbo a Guayaquil y de ahí a Panamá, bajo la promesa de que no volver a participar en política por lo menos en dos años.

Apenas iniciado su Gobierno, Emilio Estrada murió El 21 de diciembre de 1911, asumiendo el poder Carlos Freile Zaldumbide con un discurso pacifista y motivador a nuevas elecciones. Pero esta situación no fue aceptada por los liberales radicales, especialmente por el general Pedro J. Montero, el Tigre de Bulu-bulu, que se declaró -en Guayaquil- jefe supremo de la República el 28 de diciembre, nombrando al general Flavio Alfaro, sobrino del Viejo Luchador, comandante en jefe del Ejército y director supremo de guerra. Además, en ese mismo día, Montero llamó por cable a Eloy Alfaro para que apoye el golpe de Estado. Rompiendo la promesa, Alfaro regresó a Guayaquil de forma clandestina.

El Tigre de Bulu-bulu logró reunir un Ejército de aproximadamente 2.730 soldados de la Costa, teniendo como asesor de guerra al mismísimo general Eloy Alfaro. Para sofocar esta rebelión, el ministro de Guerra y Marina, general Juan Francisco Navarro, organizó otro Ejército –el de la Sierra- con un pie de fuerza de unos 3.830 soldados comandados por los generales Leonidas Plaza y Julio Andrade. Este Ejército se desplazó hasta la población chimboracense de Huigra, lugar donde se dio el primer combate el 11 de enero de 1912, venciendo a las tropas insurgentes que se encontraban al mando del coronel Belisario Torres, un “profano en la carrera de las armas” que fue tomado prisionero junto a 84 soldados. En esta acción de armas destacó la pericia del teniente coronel Moisés Oliva, comandante del batallón Juan Montalvo.

Derrotados en Huigra, los insurrectos replegaron a Naranjito, población de la Costa donde se enfrentaron por segunda vez con las tropas gobiernistas. Allí, un escuadrón de caballería del Ejército liberal radical -que cumplía misiones de reconocimiento- fue abatido por tropas de la Sierra que fueron reforzadas por un piquete de peones del ingenio azucarero Valdez, en Milagro, cuyo propietario era el mismo coronel Enrique Valdez.

Con una segunda derrota, las fuerzas rebeldes replegaron hacia Yaguachi, lugar donde se concentraba el grueso del Ejército de la Costa al mando del general Flavio Alfaro. El 18 de enero se produjo el tercer combate. Se dice que fue el más sangriento. Con desorden y falta de liderazgo, los soldados de Montero no lograron resistir el ataque del Ejército gobiernista, por lo que empezaron a huir con Flavio Alfaro a la cabeza, dejando en la estación del tren unos 1.500 muertos, 200 del Ejército Constitucional.

Luego de una semana de intensos combates en Huigra, Naranjito y Yaguachi, y con el Ejército de la Sierra como vencedor, se calcula que las bajas ascendieron a 3.000, entre muertos y heridos de los dos bandos, que por cierto, emplearon las armas que fueron adquiridas para el supuesto conflicto con el Perú en 1910. Así llegamos al declive del caudillo alfarista y el cese definitivo del liberalismo radical, cuyos jefes fueron capturados días más tarde y sometidos a la “Hoguera bárbara”, tema a tratar en una próxima publicación. (I)

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