Algo que caracteriza a esta época son los problemas planetarios: cambio climático, contaminación, hambre, falta de agua dulce, pobreza, corrupción. A esta lista se agregan ahora las pandemias y la desinformación con las noticias falsas (fake news) a la cabeza.
Respecto de esta última, cabe preguntarse el porqué tiene tanta cabida, a quiénes beneficia o perjudica, qué hacer ante ellas.
Si la tecnología permite la instantaneidad para compartir información y opinar, especialmente en las redes sociales, parecería ser que hay una fuerte tendencia a que algunas –¿muchas?– personas, independientemente del nivel de formación, reaccionemos sin pensarlo, sin analizarlo, sin contrastar.
De lado contrario estarían aquellas personas que antes de emitir una opinión, de compartir la información, de tomar una posición ante ella, la revisan con detenimiento, verifican la veracidad, constatan la credibilidad de la fuente, se hacen preguntas a partir de esos mensajes relacionándolos con su cotidianidad.
En resumen, adoptan una postura crítica fundamentada.
¿Quién se beneficia y quién pierde con las noticias falsas?
Si las noticias falsas existen es claro que hay intereses detrás, hay grupos que necesitan de ellas como parte de sus estrategias de desinformación y de caos para lograr sus objetivos.
También es claro que quien consume desinformación tiene todas las de perder en el contexto de su vida habitual, porque se alimenta de datos, afirmaciones, ideas no confiables; es decir, se alimenta de falsedades y engaños.
Cuando me refiero a la postura crítica no lo hago a una escuela o corriente de pensamiento específica, sino a esa capacidad que tenemos los individuos para ir más allá de las superficialidades, de lo evidente.
Para cuestionarnos, para aceptar posturas diversas, para reconocer que no lo sabemos todo, que también nos equivocamos.
Que una opinión propia debe basarse en información fidedigna. Que no es lo mismo ser críticos que criticones. Que la sociedad tiene problemáticas planetarias cuyas salidas se encuentran más allá de los egoísmos e individualidades.
Las fake news seguirán existiendo y gozarán de buena salud mientras haya consumidores cuya liviandad permita que el viento los lleve a cualquier parte. Esto debemos combatir. (O)
Por: Miguel Romero Flores
Coordinador Centro Casa Andina
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