Esta violencia no es casual. Es un momento histórico en donde las mujeres desnaturalizamos esta violencia, y que a diferencia de las abuelas estamos saliendo a trabajar por fuera, tomamos el riesgo de ser independientes, de tener voz propia. La violencia es un hecho aleccionador masculino. Le están diciendo a las mujeres: si te sales de la norma de subordinación debes ser castigada. Las movilizaciones en defensa de los derechos de las mujeres provocan muchas reacciones porque están reestructurando los roles de poder de los varones. Para una mujer que le digan “puta”, que puede ser o no trabajadora sexual, es una forma de violencia moral, pero para los hombres, que les digan puto, es una forma de prestigio. Los hombres no discuten sus privilegios como a no ser violados, a salir a la calle con tranquilidad, el privilegio de unos cuerpos que infunden respeto físico-corporal. La identidad masculina se crea frente a otros referentes hombres. Ellos sufren a mano de otros porque deben forjase bajo su imagen. Tienen que ser violentados para ser violentadores. Las mujeres debemos estar atentas de la voz patriarcal.
Los hombres deben estar dentro de la mirada masculina, si no son rechazados. La violencia sexual es parte de su masculinidad, si no eres excluido. (I)
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