Violencia política contra la mujer se incrementa en el confinamiento

Los blancos para los ataques son mujeres con representación y las caras visibles del Gobierno. La falta de consideración entre el género -sororidad- hace que mujeres ataquen a otras cuando las ideologías son distintas.
26 de abril de 2020 00:00

En tiempo de confinamiento debido a la pandemia del covid-19, la violencia política contra la mujer no cesa en redes sociales, especialmente en Twitter. Es más, ha aumentado desde la declaratoria del estado de excepción por parte del Ejecutivo, el pasado 16 de marzo.

El blanco de estos ataques son las caras visibles del Gobierno, aquellas mujeres que informan sobre las acciones emprendidas en esta crisis sanitaria como María Paula Romo, ministra de Gobierno; Alexandra Ocles, titular del Servicio Nacional de Gestión de Riesgo (SNGR).

A la lista se suman la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri; la viceprefecta del Guayas, Susana González; vicealcaldesas, asambleístas, activistas y también periodistas e influencers.

Mónica Banegas, directora ejecutiva de la Fundación Haciendo Ecuador y directora del Observatorio Nacional de Participación Política de la Mujer, indica que ahora la gente está más volcada a usar las redes sociales y tiene mucho más tiempo para leer y para opinar.

“Hemos visto un incremento (de violencia), sobre todo en aquellas lideresas que tienen un perfil nacional, más visibles y que en estos momentos les toca tomar decisiones importantes”, dice.

Señala que por un lado hay debate, aplausos, pero también críticas a sus decisiones.

El estudio que hace el Observatorio va más allá de entrar en redes y hacer capturas de pantalla de lo que les puede parecer insulto.

“Nosotros creemos que debe diferenciarse la opinión de un ciudadano que esté o no de acuerdo con una política pública o una acción de un político”.

¿Quiénes están detrás de los insultos? Banegas menciona que hay muy pocos usuarios de Twitter que se visibilizan con su nombre, apellido, cargo, rol en alguna institución y su fotografía.

“La mayoría que insulta se crea cuentas falsas, inventan nombres, ponen fotografías falsas; incluso hemos visto que se utilizan troll o robots, porque hay retuits instantáneos dentro de un mismo insulto que se repite gran cantidad de veces”, resalta.

Asimismo, los insultos y las víctimas cambian de acuerdo a la visibilidad y la coyuntura política y las decisiones que se tomen.

Para Ruth Hidalgo, directora ejecutiva de la Corporación Participación Ciudadana, la realidad de la violencia política hace que las mujeres -que ejercen política y un cargo de representación importante- se desincentiven en la participación de la política.

Al ser atacadas sistemáticamente -menciona- se constituye en un elemento adverso y ya no quieren aceptar puestos de decisión con el consecuente vacío que eso significa y la pérdida de democracia en este sentido.

Es necesario tener en cuenta “que las mujeres representamos más del 50% de la población”. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el Ecuador tiene 8’087.914 mujeres.

“Pensábamos que el tiempo de cuarentena podía ser una oportunidad para que este ejercicio de violencia -sobre todo en redes sociales- bajara, pero no ha sido así”.

Cita la ausencia de políticas públicas que tomen en serio la violencia política e intrafamiliar contra la mujer.

Los insultos -indica- provienen de cuentas falsas y otras que están bien identificadas. “El que se parapeta en una cuenta falsa, se inventa un personaje y cambia su nombre está consciente de que lo que hace está mal”.

Sororidad

Respecto a la violencia política que ejercen mujeres contra su mismo género, cuando las ideologías políticas son distintas, explica que en el camino para la erradicación de la violencia hacia la mujer hay un trabajo pendiente en la sociedad y es la sororidad.

“Es esa consideración especial que debería venir de las mujeres, es un camino que hay que hacer (...) un camino hacia la visibilización”.

Y esa visibilización está ligada al empoderamiento y de ello da cuenta la socióloga Lilian Lima, quien trabaja con las mujeres rurales.

“Hay que sensibilizarlas, hacerles conocer sus derechos y su participación en la política”.  Añade que deben dejar de lado el miedo y la sumisión, que es donde surge la desigualdad de derechos. (I)


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“Las redes sociales son un canal de desfogue y escape”

Para el sociólogo Javier Gutiérrez, en estos tiempos de confinamiento, el hombre que tiene en la sociedad el rol de proveedor en el hogar se ve afectado por no poder hacerlo y es allí donde no solo se genera la violencia intrafamiliar sino también en redes sociales.

“Las redes sociales son en este momento el principal canal de expresión, comunicación e intercambio de información”.

Al convertirse -indica- en un canal de transmisión de todo lo que como sociedad pensamos, y siendo una sociedad profundamente machista y excluyente, se evidencia esa característica cultural y social de nuestro país y Latinoamérica.

La tensión emocional llega a extremos inmanejables y el internet y las redes sociales son un canal de desfogue y escape de esta frustración y hay toda una serie de epítetos y calificativos violentos hacia las mujeres”. (I)