Siembra vientos

Los ecuatorianos estamos enojados, llenos de incertidumbre, sin mayor esperanza por el futuro.
19 de enero de 2021 00:00

Vivimos una crisis política e institucional que se refleja en los indicadores más bajos de credibilidad de la mayoría de instituciones democráticas, en particular de la Asamblea Nacional, poder del estado que es el blanco cotidiano de señalamientos de toda índole. Como presidenta de ParlAméricas promoví el análisis de la baja popularidad de los parlamentos en el mundo y en particular en Latinoamérica, debido a que son  el espacio en que se expresan todas las tensiones políticas, además, al ser un cuerpo colegiado, cuando uno o varios de sus miembros se involucran en actos reñidos con la ética o claramente ilegales, el rechazo que esto provoca se generaliza a la institución y menoscaba la credibilidad de toda la función.

El Ecuador adolece de crisis política crónica, el diálogo social no prospera en un clima de permanente sospecha  acusación de todos contra todos; nos comunicamos desde la desconfianza o la agresividad y así es muy difícil lograr acuerdos y avanzar. No se puede negar que algunos señalamientos contra la Asamblea tienen fundamento, pero también es cierto que en otros casos las críticas se originan en el desconocimiento de los procesos, atribuciones y alcances de la institución. En redes sociales no hay lugar para el reconocimiento de los méritos, por el contrario, cualquier tema se convierte en un proyectil político sin importar si cuenta con el sustento necesario.

Por mencionar un ejemplo, la Reforma y las Enmiendas Constitucionales que se tratan en la Asamblea, son temas muy complejos de entender y analizar. Las modificaciones a la Carta Magna deben ser procesadas con asertividad legislativa y, también desde la opinión pública ameritan análisis con profundidad y rigurosidad, pero, lamentablemente, este, como otros temas se abordan desde una la lectura subjetiva y poco informada.

Los ecuatorianos estamos enojados, llenos de incertidumbre, sin mayor esperanza en que el futuro sea mejor, pero debemos entender que la cultura política no es exclusiva de los políticos, es la manera en que nos comunicamos, son las emociones colectivas que promovemos, las decisiones de fortalecer o erosionar la democracia. Nuestra voz tiene un efecto en el público y en la construcción de una sociedad diferente, para bien o para mal, en la tempestad en que vivimos, están también los vientos que sembramos. 

Te recomendamos

Contenido externo patrocinado