Carcabón tiene un cementerio con memoria militar

18 de octubre de 2015 00:00

Cuando alguien abandona un país, muere de alguna forma, para volver a nacer en otro sitio y si lo hace atravesando las aguas del río Zarumilla —junto al cordón fronterizo del suroccidente ecuatoriano— Carcabón será el enclave obligado. Al estar cerca de la frontera con Perú, la parroquia rural Carcabón suele ser difícil de encontrar en los mapas.

El punto, que se pierde junto a las líneas que demarcan territorios, está ubicado en la provincia de El Oro, a unos 50 km al suroeste de Machala, y pese a estar junto al río que divide a 2 países, tiene un pueblo llamado Quebrada Seca. Los otros pueblitos que componen Carcabón son Guabillo, al norte, donde inicia la parroquia; y Rancho Chico, al sur, donde termina.

El bus que va de Arenillas a Carcabón hace su recorrido cada hora, por la vía a Chacras, y lleva la leyenda “Trans Victoria” aunque conduce al territorio en que el Ejército ecuatoriano tuvo una derrota memorable en 1941. Así lo recuerda José Florencio León (85) sobre una bicicleta azul a la que le ha atado un par de costales vacíos en el asiento y el manubrio para ver si el verano inclemente le ha dejado unas sobras que cosechar.

En Carcabón se cultivan productos de ciclo corto, como limones, plátanos, cacao, melones, tomates, pimientos y sandías y es durante los fines de semana invernales que sus calles de tierra reciben a los visitantes que llegan al río que hace más de 7 décadas se tiñó de sangre y, durante gran parte de la segunda mitad del siglo pasado, fue un hilo de tensión frecuente entre Ecuador y Perú. La huella material que queda de la Guerra del 41 es un cementerio abandonado en el pueblito limítrofe Quebrada Seca.

Como la mayoría de pobladores del lugar, Luis Gálvez Correa vino de otra provincia, es lojano, y, en marzo de 2014, se convirtió en el presidente de la Junta parroquial de Carcabón luego de vivir más de 4 décadas en Huaquillas. Luis dice que descubrió en la montaña unos “templetes cívicos bien ‘hechecitos’, de capitanes, de un mayor y, luego, el cementerio” abandonado al que conduce sobre su carro, mientras los pobladores lo saludan cada tanto e, incluso, lo detienen para contarle las novedades del pueblo.

Gálvez ha puesto una bandera tricolor en el parque central de Carcabón para no olvidar su idea de que la recuperación de la memoria, a través de la restauración de las efigies de los militares caídos, fortalecerá la identidad en los moradores, quienes apenas sobrepasan los 700 votantes.

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