Ecuador / Viernes, 28 Noviembre 2025

El día en que un avión llamado El Telégrafo cruzó los Andes ecuatorianos

El Telégrafo I fue el nombre del primer avión que cruzó los cielos en Ecuador.
Foto: El Telégrafo.
En noviembre, Ecuador celebra 105 años de historia aérea. El legado de Elia Liut abrió rutas fundamentales, siendo pionero de la aviación nacional en un pequeño avión llamado El Telégrafo I.

Noviembre es el mes en que Ecuador recuerda que, hace 105 años, un hombre solitario, un avión sencillo y una brújula fueron suficientes para cambiar la historia. Fue el mes en que Ecuador, por primera vez, se atrevió a volar en un avión de nombre El Telégrafo I. 

El 4 de noviembre de 1920, un joven piloto italiano llamado Elia Liut, recién llegado tras la Primera Guerra Mundial, encendió el motor de un pequeño biplano y abrió los caminos del aire. Aquel primer vuelo, en la ruta Guayaquil–Cuenca, inauguró no sólo una hazaña, sino una nueva era para la conectividad del país.

Liut había llegado a Ecuador sin conocer la geografía andina, sin dimensionar la altura ni la ferocidad de las montañas que lo esperaban. Valiente como ningun otro desafió los cielos en nuestro país con éxito. Formado en las fuerzas aéreas de Italia, fue reconocido por su destreza, su precisión y su espíritu arriesgado. 

El Telegrafo I: el avión que desafió los Andes

La historia empezó mucho antes del primer despegue. Miguel Valverde, entonces cónsul de Ecuador en Italia, contrató a Liut para operar un avión que el país había adquirido. Juntos convencieron al empresario José Abel Castillo, dueño del diario El Telégrafo, de apoyar el proyecto. Castillo no solo financió el avión, sino que lo bautizó como “El Telégrafo I”, homenajeando a su periódico.

Liut llegó uso en el primer vuelo un biplano modesto:

  • cabina completamente abierta,

  • velocidad máxima de 130 km/h,

  • vuelo de dos horas,

  • techo de vuelo limitado: no podía superar los 5.000 metros,

  • y como instrumentos: solo un reloj y una brújula.

Pese a ello, se lanzó al desafío de cruzar los Andes, en un país donde ni siquiera existían pistas de aterrizaje. Su sobrino nieto, Fernando Liut nos narra que para recibirlo, improvisaban potreros como pistas, cortaban árboles, espantaban ganado y claro, esperaban que la meteorología permitiera el milagro del vuelo.

Los desafíos de los vuelos

El primer vuelo tenía que realizarse el 3 de noviembre de Guayaquil hacia Cuenca. Luego se movió al 4 fue un vuelo difícil, narra Fernando. Ese día, Cuenca recibió al piloto con asombro, emoción, y alegría. Desde entonces, en 1920, noviembre quedó marcado como un mes importante para la historia aérea del país.

Tras ese importante paso, se motivaron en cumplir nuevas rutas por lo que el siguiente objetivo fue la ruta Riobamba - Quito. La ruta estaba pactada para el 13 de noviembre, luego, por condiciones del clima lo pasaron al 16, pero todo se puso difícil.

Pero el 28 de noviembre, cuando finalmente despegó rumbo a Quito desde Riobamba, lo logró. Ese día se completó la ruta. 

A partir de ese momento, Liut abrió rutas que hoy representan cerca del 60% de las conexiones aéreas nacionales:
Guayaquil–Cuenca, Cuenca–Riobamba, Riobamba–Quito, Quito–Ibarra e Ibarra–Tulcán.

El legado humano de Elia Liut

La hazaña técnica fue solo una parte de su impacto. Elia Liut se quedó en Ecuador no por obligación, sino por cariño. Se casó en Quito con Carmen Angulo, aunque nunca tuvieron hijos. Su acogida, especialmente en Cuenca, fue tan cálida que decidió no volver a Italia.

Su sobrino nieto, Fernando Liut, lo recuerda —según los relatos familiares— como un hombre “carismático, alegre y profundamente solidario”. Incluso se dice que enviaba ayuda económica a su familia en Italia, aun viviendo con modestia en su país adoptivo.

105 años después, Liut sigue volando

Hoy, noviembre vuelve a encender la memoria de aquel hombre que, con un pequeño avión y una gran determinación, abrió los cielos para Ecuador. Su paso marcó un antes y un después: gracias a Liut, los vuelos dejaron de ser un sueño para convertirse en un camino.

Para la familia del piloto —y para el país entero— su legado sigue siendo motivo de orgullo. 

Fernando menciona que las nuevas generaciones no deben olvidar la hazaña que permitió que Ecuador se abriera al mundo y ganara visibilidad conquistando los cielos. Noviembre llega a su fin y, con él, se cumplen 105 años de un momento histórico que marcó para siempre el inicio de la aviación en el país.

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