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Tahrir vibra al celebrar un año de revuelta en Egipto

Tahrir vibra al celebrar un año de revuelta en Egipto
26 de enero de 2012 - 00:00

Decenas de miles de egipcios celebraron ayer  en la plaza Tahrir de El Cairo el primer aniversario de la rebelión que derrocó al presidente Hosni Mubarak, con tensiones entre los militares en el poder y jóvenes que consideran que la revolución aún está inconclusa.

Todos los caminos llevaron ayer  a Tahrir, epicentro de la Revolución del 25 de Enero convertida en feriado nacional, donde bajo un sol radiante confluyeron varias marchas de decenas de miles de personas organizadas por distintos grupos de jóvenes y revolucionarios para pedir que la Junta Militar que gobierna Egipto actualmente traspase el poder de forma inmediata.

En un comunicado, la cúpula castrense confirmó que abandonará el poder el próximo 30 de junio, día en que los militares regresarán a sus cuarteles para dedicarse solo a defender la tierra, el cielo y el mar de Egipto. Pese a la tranquilidad en Tahrir, una manifestación de apoyo a los militares fue atacada en el barrio de Abasiya, según fuentes de la seguridad, por supuestos “baltaguiya” (matones) con cuchillos, palos y cócteles molotov, aunque no se registraron heridos.

En la plaza, que se tiñó de rojo, blanco y negro, los colores de la bandera egipcia, el ambiente era festivo y sonaban canciones nacionalistas, con muchas familias que aprovecharon el día libre, ya que ha sido declarado fiesta nacional, para acercarse a Tahrir con sus hijos.

Pese a que las personas consultadas destacaron la importancia de celebrar el aniversario de la revolución, todas afirmaron que acudieron  a la emblemática plaza para exigir que se cumplan los objetivos de la revolución, aunque esas metas variaban según a quién se preguntaba.

La presencia islamita era importante con numerosos seguidores de los Hermanos Musulmanes pertrechados con insignias y banderas verdes del grupo, y enseñas blancas de su formación política, el Partido Libertad y Justicia, que aseguraban que estaban en Tahrir para defender los derechos de las víctimas de la revolución. Una de las víctimas es Osama Moghazios, quien perdió la mano derecha tras recibir el impacto de una bala de goma disparada por la Policía el pasado 28 de enero en Alejandría, en la costa mediterránea, de donde se trasladó para acudir a Tahrir.

Moghazios ha acampado en la plaza, de la que asegura que no se marchará hasta recibir una indemnización de las autoridades.

“Yo fui el primer herido que hubo en Alejandría. Estaba en una manifestación y la Policía cargó contra nosotros y abrió fuego”, recordó Moghazios, mientras que enseñaba un “collage”, colgado en una de las tiendas de campaña instaladas en el centro de Tahrir, con instantáneas de él cuando fue herido.

En el suelo, Moghazios, grabador de datos de profesión, mostraba sobre una manta la ropa ensangrentada que llevaba ese día funesto, en el que también fue herido con perdigones en el pecho.

En la plaza no solo se congregaron las víctimas y los islamitas, sino también egipcios de distintas tendencias para pedir la renuncia inmediata del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.

De los barrios de Guiza, Manial y Mohandesin, además de otros puntos de El Cairo, llegaron decenas de miles en varias marchas, en las que las soflamas más escuchadas fueron las contrarias a los militares y a su jefe supremo, el mariscal Husein Tantaui.

“No tengas miedo, di que el Consejo (militar) debe marcharse” o “Vete, vete, mariscal”, fueron las consignas más repetidas por los manifestantes, de todas las edades, que simularon un funeral de los mártires con ataúdes de cartón que llevaban sus fotografías.

En algunas de esas marchas, la concurrencia de mujeres, tanto cristianas como musulmanas,  era destacada y muchas llevaban la voz cantante gritando lemas, que eran seguidos por el resto, a través de altavoces.

Frente a la ausencia total de las fuerzas del orden en la plaza, cuyos accesos estaban custodiados por grupos de voluntarios, la presencia policial era abrumadora en las calles aledañas a los edificios gubernamentales del centro de la ciudad, como el Ministerio del Interior, símbolo de la represión de las autoridades.

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