Michelle Bachelet, valorada en el exterior, desaprobada en Chile

- 16 de noviembre de 2017 - 00:00
La presidenta socialista Michelle Bachelet está a pocos meses de culminar su segundo mandato en Chile.
AFP

La presidenta chilena culminará su segundo mandato con la aprobación del 25%, una baja calificación con relación a su primer gobierno (2006-2010) cuando obtuvo 80% de popularidad.

Carismática, víctima de torturas y exiliada de la dictadura, la presidenta chilena, Michelle Bachelet, terminará su gobierno en marzo de 2018 con una aprobación de entre el 20% y 25%, y con probabilidades de que su coalición, Nueva Mayoría, pierda en los comicios para elegir a su sucesor.

Según las últimas encuestas, la valoración de la mandataria cayó en picada si se  compara con su primer período (2006- 2010), cuando salió de La Moneda con el 80% de respaldo ciudadano.

Mientras en Chile su legado genera divisiones, en el extranjero pareciera existir consenso.

La cadena británica BBC Mundo destaca los cambios y explica por qué se da esta paradoja; la abismal diferencia en cómo perciben a la mandataria en el extranjero en comparación con cómo es valorada por los chilenos.

Según la revista Forbes, Michelle Bachelet es la mujer más poderosa de América Latina, anteriormente, se desempeñó como directora de ONU Mujeres, es una de las figuras influyentes de la Unasur, integró la comisión para el mantenimiento de la paz en Haití, y participó en las conversaciones de paz en Colombia con la guerrilla de las FARC, ahora disueltas.

Según la encuesta que hace Ipsos a casi 300 líderes de opinión de la región latinoamericana, Bachelet tiene el 69% de aprobación.

Es la tercera mandataria con más aceptación, después del argentino Mauricio Macri (69%) y el colombiano Juan Manuel Santos (78%), quien se enfrenta a un escenario parecido al de la mandataria con el 80% de rechazo en su propio país.

Las reformas y el descontento

Su segundo mandato se vio lastrado por aspectos negativos que dieron la sensación de que la corrupción aumentó, en parte porque se destaparon casos históricos de financiamiento político, malversación de fondos en la policía y el hijo de la propia mandataria estuvo vinculado a un escándalo de tráfico de influencias.

Este episodio familiar dejó muy tocada anímicamente a la líder socialista, que ejecutó solo una parte del programa con el que fue reelegida con el 62% de los votos en 2013.

Para unos, no ha ido suficientemente lejos. Otros consideran que la aplicación de la “retroexcavadora”, como algunos tildaron sus reformas, es la causa del pobre desempeño de la economía chilena, que creció en torno a 1,8% durante su período.

“Acá hay una imagen de que Bachelet se concentró en las reformas a costa de la economía, la infraestructura, los servicios públicos y lo cotidiano”, explica Eugenio Tironi, consultor político.

Si bien en Chile gran parte de la población atribuye a las reformas de la mandataria la caída de la economía, a nivel internacional asocian la desaceleración con la caída del precio del cobre, la principal fuente de ingresos del país, sumado a otros factores internacionales.

Reforma laboral, tributaria y educación, que pretende, esta última, llevar la gratuidad a los estudios universitarios al menos para el 70% de los alumnos con bajos recursos para el próximo año, son sus cartas de presentación.

Además, envió al Parlamento un proyecto de reforma del sistema de pensiones, heredado de la dictadura que ha dejado descontentos a la mayoría. Cambió el sistema electoral, la financiación de partidos, la regulación financiera y la administración de empresas, entre otras modificaciones.

Durante su gestión también se aprobó el aborto terapéutico, permitió la unión de hecho de parejas del mismo sexo y en trámite se encuentra una ley del matrimonio igualitario.

En cambio, para el próximo Parlamento quedará pendiente la reforma de la Constitución, que data de  la dictadura, ni logró mejorar el paupérrimo servicio público de salud, una demanda de la mayoría de los chilenos. Tampoco cumplió con sus anuncios de establecer la transparencia en las Fuerzas Armadas y no pudo darle más autonomía económica a las regiones del país.  

Por ello, expertos, como Eugenio Guzmán, cuestionan la idea de un legado: “Bachelet prometió todas las reformas posibles, causó mucha expectativa y no las rediseñó a medida que  generaron escepticismo en la gente, sino que insistió en ellas”.

Ella, en todo caso, estará pendiente de su legado desde su despacho en Naciones Unidas, en Nueva York, donde la espera un cargo en una Junta Consultiva de Alto Nivel sobre Mediación. (I)

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