Kamala Harris, la apuesta irreverente de los demócratas

Si bien su lucha por los migrantes ha sido su norte, también ha abogado con pasión por el sistema de salud, por la legalización federal del cannabis, por la ley DREAM, por la prohibición de armas...
02 de noviembre de 2020 08:15

"Soy negra y estoy orgullosa de ello", dijo Kamala Harris en 2019 cuando se le consultó sobre su identidad.

Con esa respuesta la actual candidata a  vicepresidenta de los Estados Unidos por el partido demócrata puso un cerrojo a la interrogante que se le planteaba sobre su origen en un país como los Estados Unidos donde, con toda su amalgama racial, es tan importante la pigmentación como la identidad de cada uno de sus ciudadanos, más aún si ese ciudadano es candidato a alguna dignidad de elección popular.

Soy negra, respondió entonces Kamala, pero por sus venas también circula sangre india, y esa mixtura étnica la convierte, a efectos de resumir sus logros,  en la segunda afroamericana y la primera surasiática en llegar al senado de los Estados Unidos.

Nació el 20 de octubre de 1964 en Oakland, California. Su madre, Shyamala Gopalan Harris, era científica, una especialista en cáncer de mama que emigró a los Estados Unidos desde la India, en 1960; mientras que su padre, Donald Harris, es un profesor de Economía en la Universidad de Stanford que arribó desde Jamaica en 1961 para cursar estudios de posgrado.

En 1981 Kamala (56 años) se graduó en la universidad Howard y se especializó en Ciencias Políticas y Economía, integrando paralelamente la hermandad Alpha Kappa Alpha.

Como hija de la inmigración, Kamala Harris ha dicho reiteradamente que para ella los migrantes son un asunto personal, de ahí que haya cuestionado vehementemente las políticas migratorias de Donald Trump desde el recinto al que llegó en 2017, el senado, luego de que le arrebatara un puesto a Loretta Sánchez en las elecciones de 2016.

Si bien su lucha por los migrantes ha sido su norte, también ha abogado con pasión por el sistema de salud, por la legalización federal del cannabis, por la ley DREAM, por la prohibición de armas de asalto, por el aborto y por la comunidad LGBTI.

Kamala es, en definitiva, un catalizador de los demócratas que se identifican con la izquierda; sin embargo, es mucho más moderada que los progresistas más radicales porque ese cariz progresista que asoma en su vida se ve edulcorado por la formación cristiana que recibió desde niña junto a su hermana Maya Harris, con quien se reconoce como bautista.

Sus agudos cuestionamientos a los funcionarios del actual gobierno (el de Donald Trump) apuntalaron su figura y configuraron el ambiente para que participara como candidata a la presidencia en las primarias por el partido demócrata, pero sus titubeos en el tratamiento de ciertos temas, como el Medicare, le quitaron solidez, lo que la orilló a declinar su candidatura.

Una vez que Joe Biden, su rival en primeras instancias, se consolidó como candidato demócrata, la invitó al redil político y le ofreció la candidatura a la vicepresidencia, reto que ella aceptó erigiéndose así como la tercera candidata a este cargo, después de Geraldine Ferraro y Sarah Palin.

Luciendo en cada recorrido político un par de Converse, ha intentado bajar del pedestal la política y romper un estigma que parecía indeleble: durante el tiempo que fue fiscal, antes de que asumiera el cargo de senadora, se granjeó la fama de estar del lado de la autoridad y no  del ciudadano. De hecho, sus detractores insisten en exacerbar esa faceta con una sola frase: Kamala es policía.

Kamala fue fiscal durante seis años (2011-2017) y en ese trajinar se le imputó el haberse colocado del lado de la Policía, sin embargo hay un hecho puntual que probablemente la redima: en abril de 2004, el oficial del Departamento de Policía de San Francisco, Isaac Espinoza, fue asesinado a tiros en el cumplimiento de su deber. Tres días después, Harris anunció que no pediría la pena de muerte para el acusado, lo que enfureció a la Asociación de Oficiales de la Policía de San Francisco.

Durante el funeral del oficial, la senadora de los Estados Unidos y exalcaldesa de San Francisco, Dianne Feinstein, subió al púlpito y exhortó ardorosamente a Harris, que estaba sentada en primera fila, a que contemplara la pena de muerte, lo que provocó la ovación de pie de los 2.000 policías uniformados presentes. Sin embargo, Harris mantuvo su negativa. La pena de muerte no consta en su agenda.

Kamala ha escrito dos libros de género social y político, y un libro infantil. Y tiene dos méritos: su combatividad y su diversidad. La primera, una virtud necesaria dada la limitada oratoria de Joe Biden (frente a un ácido Donald Trump ); y la segunda, una fortaleza oportuna debido a los vientos que corren por Estados Unidos.

Ella lo ha dejado claro: "soy negra", y en esta coyuntura electoral, con un Black Live Matter en el foco de las cámaras, su pigmentación puede ser una suerte de munición taxativa para arrinconar al seudoinvencible Donald Trump.