Exsargento ecuatoriano-estadounidense recuerda los horrores de la guerra en Afganistán

- 24 de enero de 2020 - 22:15
El sargento retirado de la "US Army", Jorge Heredia (centro), empuña un arma junto a dos compañeros en el campo de batalla.
Fotos: Cortesía

El sargento retirado ecuatoriano-estadounidense, Jorge Heredia, de 36 años, memora los horrores de la guerra en Afganistán (2001-2014). El veterano de combate y exlíder del grupo de la tercera división mecanizada de infantería del Ejército de Estados Unidos concedió una entrevista a DIARIO EL TELÉGRAFO confesando sus experiencias en el campo de batalla y dando sus apreciaciones respecto a las tensiones actuales con Irán

Heredia, quien posee un tour en Afganistán "Operación Libertad Duradera" con cerca de 200 misiones de combate “Kandahar”, tuvo que pasar varios filtros de ingreso para ser parte del ejército norteamericano. Luego de obtener la ciudadanía, aprobó varios exámenes de inglés, matemáticas, ciencia en general, comprensión lectora, electrónica y mecánica.

En estas evaluaciones, mientras más alto es el puntaje, más oportunidades de trabajo se presentan.

¿Cómo es la rutina de un soldado en Estados Unidos desde que se levanta hasta que duerme?

En Estados Unidos, de lunes a viernes, cuando no entrenábamos nos presentábamos en la compañía a las 05:45 para estar en formación. A las 06:30, después de cantar el himno a la división, comenzábamos a hacer ejercicios hasta las 08:00.

Después íbamos a desayunar al restaurante. A las 09:00 teníamos otra formación para darnos instrucciones de lo que íbamos a hacer durante el día.

Cuando entrenábamos podíamos estar en el campo "Field" por 14 días sin ver a nuestras familias. Cuando se es hombre de infantería tienes que entrenar constantemente.

En Afganistán, un día antes de trabajar ya tenemos listas las órdenes que nos llegan, puede ser patrullaje cerca o lejos de la base, como también pueden ser misiones especiales dentro de las aldeas. Empezamos a las 04:00 equipando los camiones con las ametralladoras, municiones y equipos de comunicación. 

Normalmente salimos a las 06:00 en un patrullaje habitual, luego regresamos al mediodía para almorzar o reemplazar municiones utilizadas. Descansamos un corto tiempo para volver a salir desde las 18:00 hasta la 01:00.

En el tiempo libre podemos utilizar las computadoras o celulares para poder comunicarnos con nuestras familias. Cuando un soldado muere nos cortan el Internet por 48 horas para evitar que la información llegue a los familiares de ese soldado caído por medio de sus compañeros.

Esa información solo puede ser proporcionada por autoridades superiores, nunca por nuestros medios. En muchas ocasiones salimos por tres días llevando provisiones para poder soportar, alimentarnos con comida empaquetada y llevando agua.

Con frecuencia esta clase de misiones se dan en montaña, donde inteligencia militar tenía conocimiento de movimientos inusuales de insurgentes. A veces, las misiones de tres días podían extenderse hasta seis durmiendo pocas horas en la noche, ya que se necesita estar despierto.

Normalmente se duerme dos horas y estás haciendo guardia durante todos los días en las montañas. Con ayuda de helicópteros nos llegaban provisiones.

Tenía días que prefería no comer cuando llegábamos a las base para poder dormir una hora extra. Habían días muy, muy estresantes.

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Me fumaba tres cigarrillos antes de salir a patrullar, pues a pesar de las minas no nos quedaba de otra, teníamos que entrar para capturar enemigos o confiscar armas. Están prohibidas las bebidas alcohólicas en zonas de combate.

Nuestros días de descanso -que eran casi nulos- los dedicábamos a reparar o dar mantenimiento a nuestros camiones, que son muy fuertes y con una malla alrededor de camión de imanes para ablandar el estallido de un cohete. El enemigo cada día hace bombas más pesadas para poder neutralizar nuestros camiones.

En ocasiones vivimos con mucho estrés pensando en nuestras familias o en los soldados que pasan por problemas maritales. A todo lugar que vayas dentro de la base vas con tu fusil, a la hora de comer o bañarse siempre tienes tu fusil listo para poder utilizarlo.

Todo este esfuerzo trajo consigo secuelas en mi estado físico como: problemas serios en mi espalda, artritis y rodillas por el peso empleado en combate.

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¿Cómo son los horrores de la guerra?

En mi experiencia personal, los horrores de la guerra son muchos. Empezaré con una misión de patrullaje, cerca de Kandahar, en un área llamada Panjwai, considerada por muchos de nosotros como una de las peores, ya que te puedes topar con explosivos en el camino a 100 metros de distancia saliendo de la base. Cuando los helicópteros aterrizan para llevar alimentos, municiones, dejar soldados o llevar heridos, por lo general, aterrizan rápido y se elevan tan rápido como puedan, ya que pueden ser alcanzados por cohetes o ametralladoras pesadas.

Cerca de ese lugar, mi compañero de apellido Kittrell pisó y activó una mina artesanal al momento de salir de su vehículo blindado para comenzar una operación en busca de armas en una aldea. La mitad de su pierna ya no estaba y él se encontraba en el suelo. Inmediatamente, le aplicaron los primeros auxilios y fue llevado al hospital más cercano por medio del helicóptero. Su recuperación fue en Alemania y después en Virginia, Estados Unidos.

Otro momento que me marcó fue ver cómo un compañero perdió la vida por un cohete enemigo en una emboscada. Mirar cómo llevan el féretro con los restos de un amigo caído en combate, cubierto por una bandera americana, cómo entraba en un avión c-130 Hércules mientras hacíamos la calle de honores para despedirlo y ver a los demás llorar por él. Fue un momento muy triste ver cómo alguien tan joven se va en medio de nosotros, y es en ese momento cuando te pones a pensar en lo serio y las consecuencias que trae consigo este trabajo y te preguntas si eso también te puede pasar a ti en cualquier momento.

En otra ocasión  vi que las bombas en los caminos o en los pueblos por donde andábamos no solo eran para nosotros. Los aldeanos, a sabiendas que el enemigo nos ponía estas bombas, en muchas ocasiones no cooperaban y hubo un error humano, una niña afgana, de apenas 10 años, perdió su pierna al accionar uno de estos dispositivos. Fue triste y doloroso verla sin su piernita.

Cuando nos regresamos de combate nos revisan médicos, nos revisan psicólogos si todo está bien. La verdad que sí había ayuda de parte de la autoridad, de parte del Army, pero lastimosamente 22 veteranos se suicidan diariamente aquí en Estados Unidos. En mi caso personal, ya he perdido a dos compañeros que han perdido la batalla contra sus demonios y eso es algo que a todos nos entristece mucho. Cuando estoy en Ecuador, en una parte de Estados Unidos o donde sea, siempre contesto el teléfono cuando sé que es un compañero o un ex compañero, porque la verdad no sé si está pasando por un mal momento y tengo que contestar y tengo que hacerle saber que él está conmigo y que yo estoy con él y que nos podemos ayudar mutuamente. 

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¿Qué diferencia hay entre las estrategias belicistas convencionales y las actuales?

En una guerra tan larga como la de Afganistán las estrategias cambian todo el tiempo. Especialmente en Afganistán, un país que ha estado en guerra por un largo período de tiempo. Las operaciones talibanes cambian constantemente para hacernos frente. Los explosivos o IED son puestos en el camino, cada día más difíciles de detectarlos.

¿Cuál fue la motivación fundamental para arriesgar la vida durante tanto tiempo?

Siempre tuve en mente entrar al ejército americano Army por su historia y por el orgullo de vestir el uniforme. Quería tener nuevas emociones y a la vez poder servir a esta gran nación. Tome la decisión de ingresar a la infantería del ejército, sabiendo que la infantería siempre va al frente de batalla y así fue una vez después de mi graduación como hombre de infantería en Fort Benning "22 semanas" de duras pruebas físicas y mentales. Después me asignaron para estar en la tercera división de infantería en Fort Stewart, Georgia. A los pocos días de llegar, me informaron que tenía órdenes de ir a Afganistán por nueve meses.

Respecto a lo sucedido en los campos de batalla, ¿de qué se arrepiente? ¿de qué se gratifica?

De arrepentirme de algo no lo tengo, ya que me siento orgulloso de lo que hice en combate. No solo estás con tus compañeros que se vuelven tu familia y hasta el día de hoy conservamos esa amistad. Lo gratificante para mí fue haber aprendido mucho en lo que se refiere a mi trabajo como hombre de infantería. Llegar completo después de este tour es algo más que gratificante. Tuve compañeros que no corrieron la misma suerte, algunos no llegaron a casa vivos y otros llegaron con sus extremidades por la mitad.

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¿Hay empresas multinacionales haciendo negocio con la guerra?

Las guerras son un negocio. Te encuentras con empresas que venden o promocionan armamento, medios de comunicación, transporte y comida. Yo no vi empresas grandes. Yo solo vi empresas de otros países abasteciéndonos de comida, equipos militares y telecomunicaciones. En una guerra abundan los contratistas, exmilitares que brindan seguridad a las bases y a personas VIP.

¿Cómo vislumbra el futuro de la tensiones entre Estados Unidos e Irán?

En mi experiencia personal puedo decir que, por el momento, no entraremos en guerra con Irán, pero sí habrán ataques de lado a lado. 

Por ahora, no veo ningún problema grande. Todo depende en estas semanas de lo que ocurra con el acuerdo nuclear que Irán ya no lo está aceptando. Tenemos que acordarnos que en este acuerdo están involucradas otras potencias como Francia, Rusia y China. De no aceptarlo por completo tendría graves consecuencias de ambos lados. El mundo no quiere otra guerra parecida a la de Irak en donde murieron muchos soldados y gente inocente(I)

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