Por fin, el fraude quedó al descubierto. En 1986, cerca de 15 años más tarde, mientras el dictador Marcos caía del poder, un antropólogo suizo y un periodista filipino entraron furtivamente a las cuevas que habitaban y quedaron atónitos al comprobar que estaban absolutamente desiertas. Siguiendo las huellas frescas llegaron a una aldea al otro lado de la montaña.
Los Tasaday eran, en realidad, miembros de una conocida tribu local que Elizalde había contratado para participar en la parodia. No vivían aislados y usaban ropas como cualquiera, hablaban un dialecto conocido y dormían en las cuevas solo cuando salían de cacería.
Elizalde había convencido a esta tribu local de lucir más primitiva de lo que realmente era, solo para posar ante las cámaras. Incluso se supo que cuando llegaban los periodistas bajo su ropaje de hojas usaban ropa común y corriente. Cuando se destapó el escándalo, Elizalde ya se había marchado de Filipinas con la fortuna de las numerosas donaciones que recibió del mundo para proteger a los Tasaday.
El estafador se fue a vivir a Costa Rica en una plantación de café, acompañado por una docena de chicas filipinas, hasta que fue expulsado por el gobierno de ese país por los escandalosos informes sobre lo que sucedía en su finca. Murió a los 60 años tras perpetrar el fraude antropológico más grande de la historia. (...Continúa)
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