Orlando Pérez
Da gusto leer a Ospina, siempre será un especial momento encontrarse con un autor con tanta solvencia literaria y capacidad para colocar en ficción lo que es producto de años de estudio histórico.
Con La serpiente sin ojos cierra una trilogía que empezó con Ursúa y pasó por esa monumental narración que es El país de la canela. Y lo hace en un tono y una dimensión especiales: retoma a su personaje central, lo lleva por esas intrincadas rutas íntimas para entender por qué hubo una conquista española tan despiadada y con un nivel de resistencia que sacrificó lenguas, obras, procesos políticos y un universo cultural.
En más de mil páginas y casi diez años de trabajo intelectual, esta obra cierra esa exploración que posiblemente explica mucho mejor lo que a veces ciertos historiadores no han podido por el rigor del oficio y de los mismos límites de su condición.
En los tres libros, pero en especial en el último ya encontramos unas claves muy sensibles del mismo significado de la obra: la conquista no fue un proyecto homogéneo, tuvo sus contradicciones profundas, expresadas en ambiciones personales, disputas y vanidades de todos los que quisieron poder y fama para “engrandecer” a la Corona española.
Incluso, por encima de las intrincadas complejidades de la escritura sobre el pasado, Ospina hace un retrato humano y físico de cómo vivían nuestros antepasados. Su talento nos permite imaginar las subjetividades que se exponían y enfrentaban entre los indígenas americanos, sin desconocer que lo hacían ante una invasión violenta, cuando en ellos la guerra tuvo otros contenidos y otras formas de expresarse, pero jamás por el oro, al que consideraban un metal con otros “valores” y usos.
Queda claro en este libro que América no solo era paisaje, como en su momento afirmó algún filósofo alemán. Por el contrario, ese paisaje tenía y tiene unas particularidades y potencialidades que ya habrían deseado tener en su momento todos los europeos. Sin embargo, en la narración novelada Ospina logra también devolvernos unas razones para entender por qué estamos en este momento y estas condiciones históricas. Nos ha tomado mucho tiempo para asumir que la historia anterior a la colonización depredadora tuvo un universo propio que quizá todavía nos marca como naciones y como colectividades concretas en cada región, país o pueblo.
Ospina ha dicho que no volverá a escribir de estos temas, pero ojalá su obra sirva de estímulo para que otros temas, épocas y personajes sean abordados por otras plumas
El Zoológico de Quito se transforma e inaugura un espacio para osos
Alias "Delito" capturado: Así operaba en Quito con conductores de apps
Quito: Fiesta ilegal con menores termina en clausura
Ecuador incluye 10 nuevas sustancias en el listado nacional de fiscalización
La casa del caso Andreína Lamota ya tiene nuevo propietario
Inés Manzano: “No participé en la contratación de Progen”
La casa del caso Andreína Lamota ya tiene nuevo propietario
FIFA presenta el himno oficial del Mundial 2026
