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Las huestes libertarias dejaron su huella en Tilipulo, en 1820

01 de noviembre de 2015 00:00

Además de los monumentos, avenidas e instituciones educativas que llevan los nombres de los libertadores de Riobamba, Guaranda, Machachi, Ambato y Latacunga, en cada una de estas ciudades existe un lugar en la Sierra centro que guarda un significado profundo para estas localidades.

Se trata de la Hacienda Tilipulo, ubicada al occidente, a 15 minutos de la capital cotopaxense, lugar donde hace casi 2 siglos se reunieron las huestes libertarias de Latacunga para planificar las gestas independentistas que darían inicio a una nueva época en la historia de esta ciudad.

Es así que el 11 de noviembre de 1820, allí se reunieron los patriotas latacungueños para firmar el Acta de Independencia de la ciudad. La leyenda cuenta que esta propiedad era el ‘escondite’ de los seguidores incondicionales de Manuelita Sáenz y del libertador Simón Bolívar.

La historia de la hacienda se remonta a 1680, cuando fue edificada por Marco Guerra como un monasterio. Posteriormente, en 1715, en manos  del marqués de Miraflores, Antonio Flores y Vergara, se convirtió en un obraje del que cientos de nativos indígenas hicieron uno de los más productivos del Ecuador, pues hilaban lana de llama para confeccionar ponchos, fajas y bayetas.

Más tarde pasó a la administración de don Manuel Larrea y Jijón, marqués de San José, quien acrecentó la extensión del predio. Además, restauró los obrajes y otras construcciones que fueron afectadas por un incendio. También desde ahí inició la exportación de textiles.

A finales del siglo XIX, esta labor decayó, como casi todos los de la Sierra ecuatoriana, debido a que el mercado fue ocupado por textiles importados.

Fue en esa época que muchos indígenas que habitaban el lugar lo abandonaron dejando de colaborar con la fábrica y se asentaron 800 metros al norte de la hacienda. De esa forma fundaron primero un pequeño asentamiento que después se convirtió en la barriada.

Además, la finca sirvió como cuartel estratégico donde se preparó el Primer Grito de la Independencia del 10 de agosto de 1809, en Quito. Según la historia, entre la larga lista de propietarios que el lugar tuvo están Sancho Jacho Pullupaxi, cacique de Saquisilí, y Sancho Jacho de Velasco.

Posteriormente, la Compañía de Jesús compraría la propiedad para construir el Monasterio de San Juan Bautista, donde los monjes rezaban y adoraban a este santo que, hasta hoy, es el patrono mayor de la comunidad.

Un lugar de esparcimiento

Daniel Herrera, guardián y jardinero del lugar, manifiesta que las casi 80 hectáreas fueron adecuadas como un espacio ‘bifuncional’.

“Inicialmente las 2 alas que la componen estaban destinadas a ser obrajes. Por mucho tiempo fue usada con este fin y su producción se destacó por la calidad de textiles que allí se manufacturaban. Después, se constituyó en lugar de esparcimiento para personajes importantes de los gobiernos de turno, ya que en el predio había caballos, veraniegos jardines y explanada para realizar eventos, entre otras actividades”, explicó Herrera.

Por esos mismos tiempos y por orden de García Moreno, se plantó en el patio trasero un árbol de eucalipto aromático, que hasta la actualidad permanece en el lugar. Este imponente árbol no es el único que adorna el sector. Cientos de rosas, claveles, margaritas, girasoles, entre otras plantas aromáticas y ornamentales, engalanan los pasillos, jardines, entradas, patios y bordes de los potreros.

Hoy en día, la propiedad conserva su diseño original que data de hace 295 años.

El cerramiento de la casa, que ocupa el 30% de toda la propiedad, es el mismo. Pese al paso de los siglos aún se puede apreciar el diseño andaluz que las habitaciones conservan. Este estilo se caracteriza por habitáculos altos, de aproximadamente 2,40 metros de altura, paredes blanquecinas, adornos y figuras que evocan la cultura árabe y portones que dejan pasar la luz del sol por una rendija en su parte más alta.

En el extenso patio que precede a la vivienda se han habilitado canchas de fútbol y básquet. Antes, en estos espacios, los habitantes de hace 2 siglos realizaban tertulias y conversatorios con sus vecinos y amigos.

En el interior se encuentra uno de los jardines más grandes de la hacienda, donde hay 6 variedades de orquídeas y rosas. El olor a flores frescas es tan intenso que atrae a los visitantes que transitan por el patio principal.

“Aquí se detiene el tiempo. El compromiso de las autoridades ha permitido conservar las edificaciones y pasillos intactos, tal y como lucían en los tempranos 1800, lo que hace ideal al lugar para retratos en blanco y negro y fotografías nupciales”, dijo Marcelo Vaca, visitante de Quito.

El reloj solar sigue funcionando en el patio central. Todos los pasillos de la hacienda conservan las pilastras de diseño grecorromano. “Estos son los elementos más admirados por los turistas, pues, pese a los años, condiciones climáticas y varios sismos fuertes, los pilastrones aún se mantienen en pie y con fuerza suficiente para soportar el peso de las losas, paredes, muros y habitaciones superiores”, comenta Francisco Benavides, de Guayaquil.

Al avanzar un poco más, se puede observar el Monasterio de San Juan Bautista que guarda arte religioso de hace varias décadas. Las piezas están en 2 galerías. Allí se acercan devotos de este santo y le hacen sus peticiones en la puerta de la Basílica pues no se abren las puertas del templo todos los días.

El pozo de la hacienda es el lugar más visitado por los turistas. Esto porque aún se llena con el agua lluvia que provienen de las ramas de los árboles, canaletas inferiores, techo y pasillos.

“Al igual que en las películas, los visitantes se acercan al pozo para pedir sus deseos y lanzar una moneda en al interior como símbolo de respeto por el lugar y convicción de que sus peticiones serán atendidas”, señala Daniel Herrera.

Otro de los sitios que llama la atención es el mirador principal de la finca. Ubicado frente al gigantesco árbol de eucalipto aromático. Para muchos el lugar es mágico, tiene un barandal largo en el que los cansados turistas, tras varios minutos de recorrer todos los espacios de la hacienda, descansan a la sombra de los arbustos.

Desde allí se divisan los potreros donde pastan vacas, terneros, toros y ovejas. Además se puede mirar los extensos sembríos de col, brócoli y lechuga existentes en los alrededores del Paso Lateral de Latacunga.

Es importante también destacar que cerca del pozo se encuentra uno de los primeros y más efectivos filtros de líquido que el Ecuador conoció en la época. Se trata de una enorme piedra sobre la cual se asienta un trozo grande de tronco quemado, reducido a carbón, sobre el cual se vierte el agua recogida en el pozo y se la purifica.

Por sencillo que parezca, las fibras vegetales de los arboles carbonizados tienen cavidades muy angostas, lo que impide que impurezas continúen en el líquido vital al verterlo sobre la piedra.

La habilitación del Paso Lateral de Latacunga favoreció el acceso hasta Tilipulo, pues antes había que ingresar al sector por chaquiñanes y caminitos de tierra o empedrados. Desde el centro de la urbe salen taxis que ofrecen servicio de transporte hacia la finca, no existen buses que cubran la ruta.

Pese a que la entrada es libre, los visitantes primero deben acercarse al departamento de Cultura del Municipio de Latacunga para obtener el documento que les permite ingresar al lugar. No existen restricciones en todo el recinto para tomar fotografías.

La distancia desde la ciudad hasta la finca es de 8 km. No existe una línea de bus que vaya al rancho, el servicio de taxi es la única alternativa.
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