En la etapa de posguerra mundial los penalistas decidieron que lo que era delito lo definían ellos y los criminólogos debían limitarse a explicarles las causas de las conductas que llevaban al delito.
Hubo varias clasificaciones biotipológicas, pero la más difundida fue la alemana de Ernst Kretschmer, que en su libro titulado “Körperbau und Charakter” establecía 5 biotipos: leptosomático, atlético, pícnico, displásico y mixto. En cualquier esquina de Guayaquil eso se puede conocer con otro nombre: flaco, tuco, gordo o amorfo.
Como consecuencia, se determinaba que los flacos suelen ser ladrones, los tucos homicidas y los gordos estafadores; los amorfos, no se sabe bien. Y bien, nadie imagina a un obeso arrebatador ni escurriéndose por una ventana. Así se intentaba descubrir a los delincuentes.
(Tomado de “La Cuestión Criminal”, capítulo 8. Autor: Raúl Zaffaroni).
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