Cuando Europa quedó arrasada después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Alemania, con Hitler a la cabeza, elevó al máximo la idea de que el ser humano “mejor construido” está destinado a usar a los otros que “salen defectuosos”. No es nada difícil concluir que estos últimos pueden ser destruidos si obstaculizan a los más perfeccionados.
Para ello se sustentaron en una “ciencia” que se denominó “eugenesia”, llegando a decir que era necesario evitar la reproducción de los criminales, enfermos y locos, y esperar a que murieran.
Adolf Hitler acogió aquello como la única racionalidad en su “Meim Kampf” (Mi lucha), una exposición de conceptos del nacionalsocialismo, justificando con ello miles de muertes y la aplicación de una política criminal sin freno e irracional.
(Tomado de “La Cuestión Criminal”, capítulo 8 Autor: Eugenio Raúl Zaffaroni)
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