Gabriel, una persona privada de libertad, relata que cuando llegó al Centro de Rehabilitación Social (CRS) lo primero que consiguió fue una pluma, pues, afirma, siempre le ha gustado escribir. Luego le regalaron un papel higiénico y fue ahí donde plasmó su primera obra, con la que ganó un concurso interno de poesía. De ahí, en una competencia en el país fue el tercer mejor. Posteriormente, en 2014 escribiendo acerca de dioses y sueños alcanzó el decimoquinto lugar en el certamen de origen español ‘Picapedreros de poesía, guión y microrrelato’. Al siguiente año obtuvo el noveno puesto y ahora anhela el primero.
Gabriel menciona que siempre hizo poesía, aunque nunca estudió para ello. “El sueño algunas veces atormenta a las personas privadas de libertad (…) uno está privado, pero solo su cuerpo, la mente está libre y nadie la puede encerrar”, dice. (I)
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