Las aplicaciones facilitan el abuso sexual en línea

- 03 de diciembre de 2018 - 00:00

Los padres que regalan tabletas o teléfonos inteligentes a niños o adolescentes, en ocasiones, no vigilan que consumen sus hijos porque desconocen los riesgos.

El video de un hombre, de 50 años, bailando reggaetón despertó curiosidad en Mau o @screamau, un cantante y vlogger con 317.000 seguidores en Instagram. No obstante, al verificar el perfil de este señor descubrió que solo seguía o mantenía interactividad con menores de edad.

El influencer compartió en su Instagram que estaba explorando para sus seguidores la aplicación TikToks (en la que miles de niños y adolescentes bailan simultáneamente con otros usuarios desconocidos) cuando descubrió este mundo paralelo: hombres mayores que aprovechan estas aplicaciones para relacionarse con niños.

El acoso sexual en redes sociales es una realidad que desconocen muchos padres de familia. Así lo expuso la BBC, cuando abordó la experiencia de Taylor, víctima de acoso sexual en internet o a través de aplicaciones en sus teléfonos inteligentes.
Cuando tenía 13 años, esta joven británica era solitaria y vulnerable. Y empezó a ser víctima de abusos por los usuarios de la mensajería instantánea.

“Empezó con un montón de selfies... pero escaló a fotos en ropa interior, fotos desnuda y después videos. No puedo explicar por qué lo hacía. Dependes de sus elogios para tu autoestima”, relató la adolescente.

Taylor señaló que más de 100 hombres mayores, posiblemente 200, establecieron contacto con ella en la aplicación.

Pero no es la única menor que se ha visto acosada. Esta app, Kik, aparece envuelta en más de 1.100 investigaciones de supuestos delitos de explotación sexual infantil, acoso sexual a menores y pornografía en Reino Unido en los últimos seis años.

Pero los países latinos también tienen registros de acoso a menores por redes sociales, razón por la que una telefonía móvil, que también circula en Ecuador, expuso en 2017 un mensaje sobre otro problema: las cuentas falsas y sus “historias de amor”.

La publicidad inicia con la solicitud de una chica “de 13 años” a un joven “de su edad”. Ambos intercambian fotos hasta que finalmente quedan en conocerse. Llega el día y al encontrase en la plaza (sitio pactado para la cita) descubren que ambos son hombres mayores de 50 años.

El comercial concluye con el mensaje: “Miles de adultos se hacen pasar por niños para acosar a otros... son tantos, que incluso entre ellos se podrían encontrar. No aceptes solicitudes de cualquiera. No cualquiera es tu amigo”.

Los “regalos” para los niños

El sociólogo Francisco Luna indicó que el problema de muchos padres que regalan tabletas o teléfonos inteligentes a los menores de edad es que no vigilan qué consumen sus hijos, ya que desconocen de los peligros en internet o los pasan por alto.

“Regalas un mundo paralelo igual o más peligroso que el real. Las tabletas o celulares deberían ser de uso educativo para mayores de 14 años y bajo vigilancia. Sin embargo, ahora hasta los bebés -que no saben ni leer ni escribir- tienen uno. Debemos analizar que un menor no tiene la capacidad de discernir entre el bien y el mal, lo que ellos toman como juego los podría destruir. Un pedófilo es capaz de usar internet para sus fines”.

Para Luna, lo más complejo de internet es que en caso de se reporten abusos difícilmente tendrían justicia. En pocos países de Latinoamérica existen tipificaciones contra estos delitos y atrapar a una persona tras un celular y con cuenta falsa es una misión casi imposible.

El agente policial Jason Cullum, del equipo de investigación sobre delitos de pedofilia online de la Policía de Northamptonshire en Gran Bretaña, le contó a la BBC que los retrasos de los casos que investigan en su país son una “pesadilla burocrática”. El atraso de obtener información por parte de la empresa de las aplicaciones pone a los menores en mayor peligro.

Cullum investiga un complejo caso de acoso sexual infantil que atañe a más de 90 perfiles -algunos de sospechosos, otros de presuntas víctimas-, pero necesita información de Kik para identificarlos y poder rastrearlos.

Canadá y Estados Unidos tienen estrictas reglas sobre la cesión de información personal a las fuerzas de seguridad para proteger la privacidad de los individuos.

En el caso específico de la aplicación Kik, esta señala que comparte información “si hay una amenaza inminente de muerte o agresión física grave a cualquier persona”. En estos casos, la app revela “datos básicos limitados del suscriptor(a)”.

Luna expone que en Latinoamérica son las aplicaciones de baile o canto simultáneo y de Facebook (pese a su restricción a menores de 13 años) en las que se reportan estos casos de contacto entre mayores con menores de edad, lo que representan un gran riesgo.

“Cuando una red es popular entre adolescentes, tiene muchas cuentas anónimas y es fácil convertirse en usuario utilizando datos falsos. Muchos hijos saben las claves de sus padres. No existe una policía de migración o de control eficaz. La mejor siempre será vigilar su uso en el historial”, dice Luna.

Por su parte, Taylor da un mensaje para los jóvenes que atraviesan el mismo calvario que vivió ella: “Yo les diría que se lo cuenten a un adulto o que busquen apoyo en algún sitio, que vayan a grupos juveniles, que hagan amigos... No dependas de una app para disfrutar de la vida”.

Y para los hombres que acosan a menores también tiene unas palabras: “Que busquen ayuda, que piensen bien que al otro lado hay personas reales, jóvenes, a las que afectan para el resto de sus vidas. Ellos creen que no hacen daño, pero tienen un impacto muy grande”. (I)

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