Propuestas difusas en un debate “apurado” ante universitarios

13 de diciembre de 2012 - 00:00

“Señores de los medios de comunicación, les rogamos que si tienen preguntas que realizar a los candidatos a asambleístas, por favor las hagan afuera del auditorio. Tenemos que empezar con la proyección de unos cortometrajes y no nos podemos atrasar más”.

El mensaje -más claro, imposible- se escucha por los parlantes del auditorio de la Facultad de Comunicación Social (Facso) de la Universidad de Guayaquil. Era hora de recoger los tereques y despejar el terreno que, por más de una hora, había sido el escenario para que seis aspirantes a una curul en el próximo período legislativo pudieran presentar sus ofertas de campaña.

Así fue el epílogo del debate que organizó  la Asoescuela de la Facso, que buscaba que candidatos de cinco tiendas electorales que quieren llegar a la Asamblea por el Guayas intercambiaran ideas, pero al final quedó una sensación entre los presentes de que el objetivo no se había conquistado.

Desde el inicio la situación no pintó bien. El acto estuvo programado para comenzar a las 19:00, pero para esa hora apenas dos invitados (Octavio Villacreses, de Alianza PAIS, y Héctor Yépez, de SUMA) eran los únicos sentados en la mesa principal. Esto generó el reproche del moderador -un alumno de la facultad- que criticó a los ausentes y manifestó que, en caso de que lleguen al Parlamento, esperaba que sean más respetuosos con los mandantes  de lo que estaban siendo con las aproximadamente cien personas presentes en el auditorio.

Tras la reprimenda empezaron a llegar poco a poco. Se unió Silvia Buendía, de Ruptura de los 25; luego María Alejandra Vicuña, de Alianza PAIS; después Francisco Jiménez, también de Ruptura; y Troy Alvarado, de Avanza. El que más tardó en llegar -es más, solo alcanzó a responder a dos preguntas por su atraso- fue Luis Almeida, de Sociedad Patriótica.

“Los candidatos se comprometen, pero son impuntuales. Dicen que están llegando, pero al parecer recién están cogiendo el avión o están en una caravana, a pesar de que se habían comprometido a estar aquí puntuales”, se quejó con vehemencia Anthony Herrera, presidente de la Asoescuela, minutos antes de que entrara el actual asambleísta gutierrista, quien se sentó con parsimonia, generando una mueca de disgusto en Buendía, que lo tenía a su lado.

“¿Y si responden a las preguntas?”

Entrado en calor el debate, la primera pregunta fue puesta en escena: ¿Qué hacer con el control de la natalidad? El tema sorprendió a los panelistas, inclusive el propio Villacreses se sinceró y admitió que, de cara a una potencial llegada suya a la Asamblea, no tiene un proyecto de ley que aborde esa problemática. Es así que se disculpó por eso, pero salió del paso diciendo que “hay cosas más preocupantes, como la inseguridad, que deberían ser tratadas en este tipo de actos”. La respuesta incomodó al moderador y a parte de los presentes, pero el momento pasó. Luego fue el turno de Vicuña, quien afirmó que “nadie (incluyendo al Estado) debe meterse con el cuerpo de una mujer”. Su respuesta parecía que iba a satisfacer la inquietud planteada, pero en pocos segundos su alocución se desvió hacia otros temas, como la labor legislativa y propuestas personales.

La que más cerca estuvo de abordar el tema con claridad fue Buendía, pero también su respuesta se desvió de la pregunta original, concluyendo en frases como que “lo mío son las mujeres”, por lo que “sabía lo que estaba hablando”. En fin, terminó exponiendo las inequidades laborales que hay, sobre todo en el sector privado, en desmedro de las mujeres ecuatorianas. Con el ejemplo dado por los tres primeros candidatos el debate se tornó en una tarima para hablar sobre propuestas individuales que, en la mayoría del tiempo, se alejaban de las interrogantes formuladas.

Uno de los más “claros” en sus intervenciones fue Jiménez. El ex gobernador del Guayas, en su primera contestación, pidió (aunque en realidad no esperó respuesta, solo lo hizo) hablar de pie, separándose del resto de panelistas, como en los antiguos mítines políticos. En esa parte del debate, Jiménez advirtió sobre el subempleo en Ecuador, algo “de lo que no se habla”. Por cierto, y a pesar de su rescatable intervención, Jiménez no se escapó de una nueva reprimenda del moderador. “Por favor, le pido que dé sus declaraciones sentado. Todos por igual, con el mismo espacio”, le advirtieron a Jiménez, quien aceptó la recomendación con una sonrisa algo irónica.

Mientras Troy Alvarado recordaba que estaba en la institución que sus padres ayudaron a crear y proponía una regularización de los comerciantes “piratas” que, según él, “han afectado a los creativos del país”, entre los estudiantes presentes en el auditorio se notaba el tedio, sobre todo por el evidente desorden en las respuestas.

Una señorita que filmaba el evento perdía la paciencia entre respuesta y respuesta. En su impotencia -debido a que no se permitieron preguntas del público, sino que se formularon consultas establecidas con anterioridad- solo le quedó preguntarle a una compañera: “¿Y si responden las preguntas que les hacen?”, algo que su amiga no supo responder. 

Este comentario resultaba muy acertado: en menos de cinco minutos, entre los seis candidatos, se hablaba desde los derechos de las minorías sexuales, pasando por las reformas al Código Penal, Internet de libre acceso en los colegios hasta llegar a las propuestas de generación de empleo.

Inclusive, Yépez, el más joven de los candidatos presentes, pidió al moderador más tiempo para hablar, “teniendo en cuenta que hay dos representantes del Gobierno y dos de Ruptura”. El comentario le permitió presentar su plan de “Empleo Joven” en el que planteó permitir de nuevo la contratación por horas, un tema abolido en la Constitución elaborada en Montecristi en 2008.

La ley estancada

La última consulta, irónicamente, fue la más interesante. “De frente, digan si votarán sí o no a favor de una Ley de Comunicación”, espetó el moderador a los invitados. Las respuestas fueron en su mayoría -a excepción de Luis Almeida- a favor de la expedición de esa normativa. Todos confluían en la idea de que “es un mandato popular y hay que cumplirlo”, pero a la hora de analizar el proyecto, que ya reposa en la Asamblea, las respuestas fueron variopintas.

Buendía dijo que impulsa el mandato popular, pero se preguntó: “¿De qué sirve tener una Ley de Comunicación, si voy a un foro y por lo que digan me meten presa?”, lo dicho arrancó un vigoroso aplauso de Luis Almeida, al que poco le faltó para darle una palmada en la espalda a la postulante de Ruptura.

Jiménez fue más radical y dijo que “ni loco” votaría por el borrador que está previsto votarse en el pleno. Cuando el acto tomaba un giro interesante, gracias al análisis del tema de la Ley de Comunicación y a la presentación de propuestas individuales de cada candidato, una joven se plantó muy cerca de la mesa de los panelistas. Era una de las alumnas que esperaban por el auditorio para presentar el evento de cortometrajes.

Hasta que el moderador del debate no se despidió, la estudiante no abandonó su postura de protesta. Es más, cuando Jiménez presentaba sus propuestas para mejorar la seguridad -a través del reforzamiento del trabajo policial- tras bastidores se escuchaban reclamos porque aún no estaba libre el escenario. Las despedidas fueron cortas entre los candidatos. Había que desalojar la sala.

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