El pacto fiscal propuesto por Norman Wray irritó a la “barra brava” de Guillermo Lasso

14 de diciembre de 2012 - 00:00

A las 22:00 del pasado miércoles, Norman Wray, visiblemente agotado, era besado por su esposa y respaldado por su compañera de fórmula Ángela Mendoza. A unos pocos metros, el pastor Nelson Zavala era casi levantado en hombros por las huestes del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), mientras que Álvaro Noboa (Prian) era entrevistado por medios de comunicación entre los gritos de respaldo de sus candidatos a asambleístas y de varios administradores de sus más de 100 empresas. Lucio Gutiérrez, por su parte, salía del Centro de Convenciones de Guayaquil acompañado por una “guardia” de coidearios y damas vestidas de rojo. Al que le faltaron pies para salir de la sala fue a Guillermo Lasso, quien se mostró áspero con los periodistas que buscaban sus reacciones tras haber debatido por tres horas con otros cinco postulantes al sillón de Carondelet, en un acto convocado por la Cámara de Comercio de Guayaquil (CCG).      

El local quedaba vacío  y los asistentes salían comentando las propuestas de  aquellos candidatos que a las 19:00 subieron al escenario con sonrisas amplias y una amabilidad poco normal entre ellos. El arranque de la cita no daba buenas señales. El presidente de la CCG, Eduardo Peña, se paró en el podio central para dar la bienvenida a los asistentes, pero sus primeras palabras no fueron para agradecer a quienes ayudaron a realizar el debate, tampoco para saludar a los candidatos que intervendrían esa noche. No, sus primeras palabras fueron para ironizar la respuesta  que había dado Alianza PAIS  justificando la ausencia del presidente/candidato Rafael Correa. “Bienvenidos al criticado debate presidencial”, dijo Peña en alusión a la carta enviada por Galo Mora, secretario Ejecutivo de PAIS, en la que, entre otras cosas, reprochaba que fuera un organismo privado “que no es una entidad representativa de la ciudadanía” la que reuniera a los aspirantes a  Carondelet.   

Superada esta digresión con fines de contraataque, Peña se encargó de delimitar la cancha presentando los seis  temas -los únicos de los que se podía hablar durante la noche- que serían abordados por los candidatos: Seguridad ciudadana, empleo, inversión, libertades, modelos de desarrollo y política tributaria. Mientras el titular de la CCG seguía poniendo en claro las reglas de la noche, en la sala se evidenciaba, literalmente, una división.

Del centro hacia la izquierda del salón fueron ubicados los seguidores de los candidatos de PSP (el grueso de este sector), del PRE (con los hijos del ex mandatario Abdalá Bucaram Ortiz a la cabeza), del Prian (con su candidatos a asambleístas y los administradores de las  empresas de Álvaro Noboa); un puñado de los de Ruptura de los 25 (en su mayoría cercanos a Norman Wray), y un minúsculo grupo de SUMA.

Del centro a la derecha (¿coincidencia?) estaban los seguidores de Guillermo Lasso y, cómo no, los directivos y miembros de la CCG, de la Cámara Junior, representantes de Seguros Cóndor... A esta zona, con tranquilidad, podía denominársele el “ala empresarial” del Centro de Convenciones.

El momento llegó. Uno a uno fueron subiendo al escenario los candidatos, según la numeración de sus movimientos políticos. Como estaba previsto, el más aplaudido -de pie por el “ala empresarial”- fue Lasso. Y fue el candidato de CREO justamente el que se “ganó” a la audiencia al ser el único que nombró a la CCG al momento de presentarse. Con smartphones y tablets en mano, el lado derecho de la sala se levantaba constantemente para capturar la imagen  del ex presidente del directorio del Banco de Guayaquil.

Los temas iban pasando uno a uno, pero en el ambiente no se sentía  empatía con lo que se hablaba desde la tarima. Uno de los  participantes, Mauricio Rodas, de SUMA, pidió a sus compañeros en el debate, en más de una ocasión, que plantearan cómo iban a lograr todos los escenarios de prosperidad que ofertaban. Esta declaración bajó los ánimos de los presentes luego de haber tenido un momento de éxtasis cuando Lasso prometió “hacer crecer al 10% anual”  la economía de Ecuador. Rodas hizo, en ese momento, que los asistentes tocaran tierra.

Gutiérrez se empeñó en sacar adelante su principal caballo de batalla: la anulación prácticamente total de los impuestos. Esta oferta hacía que brincaran de sus asientos Olga María Aucar, Galo Lara y Gilmar Gutiérrez, quienes arengaban en su lado de la sala a sus seguidores para que elevaran el grito de: “Lucio presidente”. Uno de los que nutría ese sector fue Mario Cabezas, actor y candidato de PSP, quien en más de una ocasión -con su ronca voz- apoyaba con gritos e interrumpía la participación del resto de candidatos, por ello tuvo que ser apaciguado por la seguridad del local.

Lo de Nelson Zavala (PRE) y Álvaro Noboa (Prian) fue un tema aparte. Entre ambos se notó una simpatía única. Se hicieron bromas, se dieron consejos. Y ambos también generaron comentarios entre el público. En el caso del pastor evangélico, fue aplaudido y reprochado por los varios versículos que leyó en sus respuestas. Noboa, con su ya famoso “en hacer plata no me gana nadie”, provocó vergüenza ajena, sobre todo en los jóvenes presentes, quienes se tapaban la cara cada vez que el candidato del Prian tomaba la palabra.  

14-12-12-act-debate-presidencial-wrayEl “antipático” Norman Wray

Las preguntas se iban quemando a la velocidad que Andrea Bernal -la ecuatoriana con acento colombiano que hizo de moderadora- imprimía. Hizo respetar a rajatabla los tiempos de la respuesta y, al final, planteó una que otra pregunta suelta.

Pero lo que preocupaba a los asistentes era que se seguía hablando de eliminar los impuestos “verdes” (propuesta de Lasso, Gutiérrez y Zavala); de terminar con la tasa a la salida de capitales (proyecto de CREO); de crear 500.000 nuevas plazas de trabajo (plan de SUMA), pero nadie hablaba de cómo hacerlo. Esto dio pie para que Norman Wray  calentara el momento abordando temas de justicia social.

El ex concejal de Quito presentó cifras en las que, según él, se demostraba que a pesar de haber tenido en la última década (incluyendo el gobierno de Gutiérrez) incrementos considerables del PIB, no ha existido en el país un descenso radical de la pobreza. Posteriormente aseguró que el 20% más rico de Ecuador maneja la mayor parte de los ingresos.

El postulante de la Ruptura de los 25 se metía entonces en un terreno políticamente “incorrecto”. El hablar de distribuir mejor las ganancias, de tener justicia social a la hora de manejar las riquezas y, sobre todo, de hacer pagar más a los que más tienen tuvo su precio: el reproche -con abucheos incluidos- de la “barra brava” de empresarios que se situó, por casualidad, frente a él. “Y está claro que las historias de los empresarios exitosos como las de Álvaro Noboa y Guillermo Lasso no van a sacar al Ecuador de la pobreza; son las políticas sostenidas del Estado las que lo harán”.

Con esta frase Wray se “puso la soga al cuello”. Era claro que sus adherentes no eran ni de cerca mayoría en la sala, y con esta declaración se ganó el repudio de los empresarios que, entre una y otra frase, se acomodaban, refunfuñaban y comentaban, con notoria molestia, los planes que fue desgranando el candidato de izquierda.   

Se esperó un contraataque de Noboa y de Lasso, pero este no llegó. El “banquero del barrio” decidió fortalecer su simpatía entre el “ala empresarial” reafirmando que eliminará el tributo a la salida de capitales y que defenderá las libertades. Los empresarios, de a poco, perdían la compostura y más de uno se levantó de su asiento para lanzar un “Lasso presidente” a todo pulmón.

Retirada paulatina

Pasadas las dos horas de intervenciones, la atención de los asistentes se desvanecía. Muchos decidieron levantarse, salir al lobby y ver cómodamente, a través de pantallas gigantes, el debate. A unos metros del salón principal, en una oficina, un grupo de jóvenes -acompañados de bocadillos y bebidas- con credenciales de “staff” tuiteaban y posteaban en Facebook cada uno de los comentarios realizados por los participantes.

Por los pasillos podía observarse a figuras de orígenes políticos distintos como Alfonso Harb -que fue uno de los que más aplaudió a Álvaro Noboa- y a Sylka Sánchez, mano derecha en las empresas del magnate bananero. Del sector en el que se ubicaban los seguidores de Lasso emergió Fabricio Correa, quien abandonó la sala por una puerta secundaria, faltando media hora para el cierre del acto, para esquivar a los medios.

El innombrable

No estuvo en físico, pero sí en cada intervención de sus rivales. Si bien hasta las 21:30 nadie había mencionado a Rafael Correa, los comentarios estaban vinculados a su labor. Fue Álvaro Noboa el primero en mencionarlo y posteriormente fue nombrado por dos ocasiones más de manera directa.   

El último minuto de intervención le sirvió a los participantes del debate para promocionarse a la vieja usanza: con gritos o agitando los brazos. Lasso fue ovacionado por los empresarios, mientras que cuando Noboa tomó el micrófono los celulares lo apuntaron: “por si acaso se arrodilla”, le dijo un joven asistente a un amigo entre risas. 

La salida de todos en la sala fue a empellones y bajo el marco de vítores y cánticos. Horas más tarde el debate se trasladó a las redes sociales y se evaluó a los mejores, pero más de uno llegó a la conclusión de que un candidato, el ausente, salió victorioso.

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