Esta vez no hubo concierto, bulla, discursos, ni cacerolazos. El silencio y la tenue luz de las pequeñas velas blancas dentro de bolsas de papel con granos y una pertinaz llovizna, acompañaron a la familia Restrepo, amigos y simpatizantes a recordar un año más de la desaparición de los jóvenes Santiago y Andrés.
María Fernanda Restrepo, pequeña, inerme, apurada y resuelta dirige la ubicación de las velas.
La necia lluvia, implacable, caía en la tarde de domingo, mientras María Fernanda, abrigada con chompa lila, siempre amable pide a sus familiares y colaboradores que enciendan las velas ubicadas en las escalinatas semicirculares de la entrada principal de la Catedral.
Don Pedro, padre de los menores, con su voz metálica y baja, conversa con la prensa y los curiosos que entre abrazos aplauden la tenacidad de estos 24 años de lucha.
Afirma desconfiar de las últimas versiones de que los restos de sus hijos desaparecidos estarían en el cementerio de El Batán, no obstante aspira que en algún momento se aclare el caso.
Ramiro Román, abogado de la familia, recuerda las largas jornadas de protesta y acciones legales, las cuales si bien se han reactivado, hay mucha reserva.
Dos horas de plantón, tristeza y hasta lágrimas se hicieron presentes, pero continúa la espera.
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