El Orión emprende travesía para ampliar límites marítimos (GALERÍA)
En el muelle de la Base Naval Sur en Guayaquil se alista un acto solemne. Son las 08:00 del martes 13 de mayo y bajo un sol abrasador, que penetra en la piel, personal de la Marina y un equipo de científicos esperan en formación el inicio de la ceremonia.
Se trata del zarpe del buque científico Orión, con una trayectoria de 33 años, que permanecerá 25 días entre las islas Galápagos y la costa continental con el fin de levantar información sobre la extensión de la plataforma continental.
El equipo científico está compuesto por personal del Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar) con experiencia en investigación del fondo marino y de la Secretaría Técnica del Mar (Setemar).
Junto con ellos también va un grupo de estudiantes de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).
Para los jóvenes, como Mishell Muthre y Enrique Colmont, es la primera vez que se embarcan en un navío. Una aparente calma se dibuja en sus rostros, pese a la incomodidad causada por los rayos solares que caen con fuerza sobre ellos y casi que calcinan el pavimento.
Ellos también están en formación con camisetas, gorras y jeans de color azul. El silencio y la espera aumenta la ansiedad de los muchachos, que empiezan a moverse de un lado a otro. Se acentúa el olor salobre que proviene del Estero Salado, a unos diez metros detrás de ellos.
La selección del equipo científico y de estudiantes no fue al azar. Para esta travesía se capacitaron en Salinas -desde febrero- para el trabajo que harán en alta mar.
Conocieron, de manera especial, el uso de un equipo llamado multihaz de aguas profundas, diseñado para un mapeo más preciso del fondo marino que permitirá estudiar en detalle la plataforma continental, más allá de las 200 millas náuticas. Ahora están listos para poner en práctica, en el mismo sitio, los conocimientos que adquirieron.
Transcurren cerca de veinte minutos y al fin la espera termina. Empiezan a llegar al acto oficiales de la Armada, con sus impecables uniformes blancos; autoridades civiles, entre ellas el gobernador del Guayas, Rolando Panchana; e invitados especiales, todos con traje formal, como lo establece el protocolo.
Toman su lugar frente a la formación de marinos y científicos, cobijados por carpas previamente colocadas en el sitio. Aunque no están a la intemperie, el calor en el interior de los toldos es potente. Esto se evidencia en los invitados, algunos usan folletos, que previamente se les entregó, como abanicos. Ni siquiera corre una tenue brisa.
Se da la orden para el inicio de la ceremonia. Ingresan al recinto los portaestandartes del Pabellón Nacional y de la Armada acompañados por los acordes del Himno a la Bandera, a cargo de la banda de la Marina, y se ubican entre dos escuadras de uniformados.
A estos últimos, en cambio, parece que la inclemencia del tiempo no les hace mella. Se mantienen en posición firme y con fusil al hombro, siguiendo paso a paso el acto, como si sus cuerpos ya estuvieran curtidos por los años de entrenamiento militar.
Toma la palabra el comandante general de la Marina, Luis Jaramillo Arias. Él explica el motivo de la expedición, la primera de cinco que realizará el Orión; cuatro en este año y una el próximo.
Dice que la misión es de gran importancia para el país, ya que el territorio marítimo de Ecuador comprende una gran extensión de aguas interiores y aguas oceánicas.
Con la información que se obtendrá se quiere demostrar ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que Ecuador puede extender sus fronteras marítimas. Con esto, actividades como la pesca, el turismo y el transporte marítimo serán las más beneficiadas.
Pone énfasis en su discurso al señalar que el mar es una importante fuente de riqueza y por eso el Estado tiene la responsabilidad de conservarlo y protegerlo. Finalmente, hace una reseña de las actividades que la Armada ha realizado a través del buque científico, desde hace 33 años.
El navío permanece acoderado en el muelle, listo para albergar a los tripulantes. No es de gran tamaño. Tiene 70 metros de eslora (longitud) y algo más de 10 metros de manga (ancho), pero es reconocido por su capacidad para navegar en condiciones difíciles, como las misiones en la Antártida, y por su tecnología.
La ceremonia culmina. Duró algo menos de media hora, pero el protocolo continúa. Es el momento en que el comandante General de la Marina, que encabeza el grupo de oficiales y funcionarios, despide al equipo.
Les estrechan las manos y les desean éxitos en la travesía. La ansiedad aumenta en los civiles, pero mantienen su formación. Apenas se inmutan por la presencia de cámaras y fotógrafos. Solo leves sonrisas se les aprecia.
No es una despedida emotiva. No hay familiares ni amigos que abrazar, ni lágrimas o melancolía. Es un acto solemne, con esa rigidez propia de los actos castrenses. El protocolo continúa, ahora sí, con el embarque del personal.
Uno por uno suben al navío en cuyo interior cuenta con equipo de última tecnología, como el ecosonda multihaz, que permitirá realizar el levantamiento de información batimétrica en un ancho de 4 kilómetros del fondo marino.
Los científicos y estudiantes, una vez a bordo del Orión, se dirigen hasta el puente de mando, que es donde el capitán dirigirá el navío. Allí permanecen mientras un grupo de tripulantes suelta las amarras del muelle.
El astro rey atenúa un poco su fuerza, como si quisiera dar una tregua a los viajeros. Empieza a correr algo de viento y, lentamente, la nave se aleja del muelle.
Se encienden los motores. La embarcación abre surcos en el ramal del Estero Salado. La oceanógrafa Sonia Recalde, el hidrógrafo Joel de la Rosa, entre otros miembros del equipo científico, levantan sus manos y las agitan en señal de despedida y son correspondidos por el personal del Inocar que los observa desde el muelle.
La nave se desliza por las calmadas aguas del estero. Un último adiós es el que les ofrece la banda de la Armada Nacional al entonar el pasillo ‘Romance de mi destino’.
Mientras el barco empieza a alejarse, el director del Inocar, capitán Juan Carlo Proaño, explica en detalle que la expedición busca información sobre la morfología de la plataforma continental, concretamente en las cordilleras de Carnegie, de Cocos y de Colón, relieves que están en el fondo marino.
“Es la primera campaña de extensión de la plataforma para poner ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) nuestras pretensiones de ampliar la jurisdicción ecuatoriana en el mar”, insiste el uniformado.
Finalmente, la nave toma velocidad. Desde el muelle, ya casi no se observa a la tripulación. Surca todo el estrecho ramal, rumbo al Sur, para buscar finalmente la salida hacia el Golfo de Guayaquil, que la lleva a mar abierto.
En la base, los invitados se retiran. José Centanaro, secretario técnico del Mar (Setemar), hace unas últimas puntualizaciones: en total son 30 científicos -22 hombres y 8 mujeres- los que participan en la expedición y existen muchas expectativas sobre la información que recogerán.
Aguardarán el retorno de la expedición para conocer los primeros datos de nuestro suelo marino y ver si el territorio marítimo de Ecuador se expande.
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