El imaginario religioso y la cibercultura se miran
Las imágenes más significativas de lo simbólico religioso, como comenta Jorge Gaete, están dadas en la cruz, en la imagen de Cristo y la corona de espinas. Para el artista, en estos aspectos convergen, de manera simultánea, lo religioso y artístico. A esto se suma el autorretrato que hace alusión a la pose, característica de las representaciones cristográficas. Uno de sus cuadros es un medio torso cuyo dedo se apunta a su cuello, es una transgresión al cuerpo, una mutación. Sus trabajos se enmarcan en la herencia del pensamiento medieval, que propuso imágenes y objetos religiosos apegados a las restricciones y prácticas estipuladas por el Concilio de Trento.
Estos mandatos fueron aplicados por los calificadores inquisitoriales del siglo pasado en América Latina. Es un diálogo constante con obras del arte universal a través de las posibilidades que ofrecen los medios digitales. El artista inicia con una pregunta que se instala y que se va desarrollando con ciertas ramificaciones. Como todo el arte, no está delineado de principio a fin. Son exploraciones que, de pronto, “cambian de rumbo, pero se soportan de una misma base conceptual", explicó Jorge Gaete.
Patricio González recordó al artista texano Robert Rauschenberg y sus invenciones en torno al collage, como la fusión de planos y coexistencia de temporalidades diversas. El uso de elementos plásticos convencionales y materiales, y objetos comunes; la simultaneidad del color y claves de contraste; y finalmente el empleo de la fotografía y diverso material gráfico. Este mundo donde prima lo objetual y donde aparecen con un cierto protagonismo el ser humano y la belleza del clamor de la ilusión.
Su trabajo se despliega con una reflexión en torno a nuestros actuales signos culturales más contingentes, tales como la inmediatez, los objetos, el cuerpo, el erotismo y la tecnología. Signos que propician los nuevos medios y que dan lugar a la concreción de renovadas soluciones formales. Esto está construyendo un universo más allá de la realidad.
En esta ocasión, los artistas vuelven a coincidir con muestras individuales en la ciudad de Quito; anteriormente exhibieron en Cuenca, hace diez años. En la ciudad austral lo hicieron por la gran religiosidad que se vive allí.
También en Quito su exposición abrió las celebraciones de Semana Santa, e igual que una muestra fotográfica de François Lasso, apareció la crítica a los elementos que determinan la fe y sus símbolos: meras abstracciones del humano que se vuelven dogmas y que han servido como instrumentos de opresión.
Ambos creadores son docentes universitarios en las carreras de Arte en su país.
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