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El Telégrafo
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El simposio fue creado por el artista Ricardo Villacís

La motosierra fue el cincel del tallado en San Antonio (Galería)

Los talladores son meticulosos al momento de trabajar la madera con motosierra. Foto: Miguel Jiménez / El Telégrafo
Los talladores son meticulosos al momento de trabajar la madera con motosierra. Foto: Miguel Jiménez / El Telégrafo
17 de febrero de 2015 - 00:00 - Redacción Actualidad

Hablar de San Antonio de Ibarra significa narrar la historia de un pueblo artesano que surgió en la época colonial. Por más de 4 siglos esta pequeña parroquia, de aproximadamente 3.000 habitantes, dedica su vida al tallado en madera.

La población se asienta en las faldas del cerro Imbabura, pero llegar a este lugar es viajar en el tiempo. Sus calles empedradas y adoquinadas cruzan parques y caseríos de teja. En la parte más alta del sector aún se observa a los campesinos cultivando plantaciones de maíz, fréjol, arveja y haba.             

El centro urbano de San Antonio es una galería permanente de piezas de arte, pues según los artesanos  cerca de 2 mil personas viven de esta actividad.      

Las calles principales de la parroquia atraviesan los parques Francisco Calderón y Eleodoro Ayala, rodeados de almacenes que exponen una variedad de artesanías: desde esculturas de más de 2 metros hasta minúsculas mariposas entrelazadas a una pieza de madera que se asemejan a un rostro.

A pocos metros de estas galerías se encuentra el parque Francisco Calderón. Es el más antiguo de la parroquia y cuenta con jardines y árboles nativos como el nogal, el cedro, entre otros.

A un costado de los árboles se encuentra Marco Cisneros (70 años), quien apaciblemente descansa en un banquillo de madera, mientras coloca en sus piernas una tela blanca y apoya entre sus manos un cincel. Talla con movimientos ascendentes y descendentes una imagen que evoca a un jinete.

Marco lleva 6 décadas como artesano y recuerda que la mayoría de  sus colegas aprendieron el oficio en los talleres de maestros, como los  fallecidos Gonzalo Montesdeoca, Luis Enrique Rivera, entre otros. Previo a su experiencia en el taller, el artesano cursó 4 años en el colegio de arte Daniel Reyes, ubicado en la parroquia.

“A los 17 años asistí al primer taller, pero desde niño recuerdo que sentía pasión por el tallado. Con una cuchilla hacía unas figuras en la yunta de los bueyes, entonces me di cuenta de que lo mío era el arte”, recuerda Marco.  

Pero tras este artesano se escribe una historia particular, pues desde hace más de 3 décadas es propietario de la casa donde nació monseñor Leonidas Proaño, personaje que lo inspiró a la labor artística.  

“Era la persona más humilde. Luego de que compré la casa él seguía visitándonos y se quedaba varios días. Mi condición de artesanohacía que mi economía fuera apretada. Dejaba el trabajo en el taller para cocinar; yo le preparaba un platito de mellocos y habas y él, con un Dios le pague, se comía todito. Luego, en las tarde, se iba hastael cerro para hablar con los campesinos de la zona”, cuenta.

Marco regresó a tallar, mientras, en el centro del parque el sonido de las motosierras agitaba el silencio cotidiano de San Antonio, pues este espacio fue el escenario del V Simposio de Escultura en Motosierra, en el que participaron más de 20 artesanos del sector.   

Fue así como, entre la hierba del parque, como espigas, se regaban las astillas de la madera que  poco a poco dejaban de ser un frío tronco de pino para convertirse en una imagen similar al cuerpo de una mujer, al caminar de un anciano o a una madre, etc.

Uno de los participantes fue Silvio Chimbo (39 años), quien junto a su padre creó una escultura de la virgen. Meticulosamente tomó la motosierra y cortó las partes exactas de un tronco de pino para dar forma a las manos y el rostro de la figura religiosa.

Silvio pertenece a la segunda generación de artesanos de su familia. Empezó en este oficio viendo a su padre, quien se convirtió en su maestro. “A pesar de que mi padre fue mi mentor, siempre me gustó ser independiente en mis creaciones. Mi primera obra fue una virgen de Quito; recuerdo que mi padre tomó mi tallado y lo arregló; eso me disgustó y preferí aprender más técnicas por mi cuenta”, comentó.

Según Byron Quilumbago, organizador y participante del evento, el simposio tiene como objetivo mostrar a los artistas de San Antonio de Ibarra, aunque cree que el evento necesita más apoyo por parte de las autoridades.

Los artesanos de la parroquia hacen magia con sus esculturas. “La motosierra nos ayuda reduciendo el tiempo de tallado, pero los terminados se deben efectuar durante dos meses más”, anotó el promotor.

DATOS

El simposio de Escultura en Motosierra fue organizado por los artesanos de San Antonio y contó con el apoyo del Gobierno parroquial.

El presupuesto del evento alcanzó un monto de $ 15 mil. Este año no habrá ningún ganador, pero todos los participantes recibirán un incentivo económico de $ 400 y sus obras serán expuestas.

San Antonio de Ibarra, según la historia, fue uno de los centros artesanales de Imbabura desde la época de la Colonia. Según datos históricos, varios maestros de la Escuela Quiteña se radicaron en el sector.

El certamen también pretende impulsar la actividad turística. Los artesanos piden mayor apoyo a las autoridades locales y provinciales para su promoción, pues son 2.000 entre todos.  

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