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El Telégrafo

La cascada es visitada los fines de semana por turistas de Manabí, Guayas y Los Ríos

El Salto del Armadillo, un remanso natural escondido en el litoral ecuatoriano

Aunque la cascada es uno de los principales puntos turísticos en La Manga del Cura, el lugar no cuenta con una infraestructura adecuada para recibir a un gran número de visitantes. Foto: Karly Torres/El Telégrafo
Aunque la cascada es uno de los principales puntos turísticos en La Manga del Cura, el lugar no cuenta con una infraestructura adecuada para recibir a un gran número de visitantes. Foto: Karly Torres/El Telégrafo
05 de octubre de 2015 - 00:00 - Redacción Actualidad

Un bosque de añosos árboles, como celoso de su encanto, pretende ocultarla de las personas que transitan por la angosta carretera que une las comunidades de La Manga del Cura con el cantón El Carmen (provincia de Manabí).

Pero el rumor de la corriente, como un suave murmullo, llama la atención de quienes transitan por el lugar. Atraídos por el singular sonido, más de un curioso penetra por un desvío que conduce al pequeño caserío de Santa Rosa. Allí, a pocos metros, un letrero indica que en la margen derecha se puede disfrutar de este regalo de la naturaleza: la cascada del Salto del Armadillo.

Se trata de una caída de agua de algo más de 10 metros de altura, que es visitada por manabitas, guayasenses y fluminenses en su mayoría, que conocen del sitio, más por referencias de otras personas que por ser un sitio que ocupa un  lugar preferencial en las opciones turísticas del país.

El río, al que los moradores del lugar le llaman Armadillo, nace de la parte suroriental en la margen de otro afluente llamado Pupusá. En verano, su caudal es manso y recorre lentamente hacia el norte hasta llegar a las proximidades de la comunidad de Santa Rosa.

Allí sus aguas comienzan a jugar mientras aceleran su ritmo hasta caer en el vacío. En su vertiginoso descenso la corriente se transforma en una blanca espuma; quienes observan su caída desde la parte baja de la cascada reciben el fresco rocío en sus rostros.

El río continúa su trayecto, nuevamente lento, surcando la arboleda hasta llegar a la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas.

Los visitantes disfrutan de este sitio. Es un remanso de paz en medio de una belleza natural; tanto en la parte superior como en su caída, las personas pueden disfrutar de un agradable baño, su lecho no es profundo ni correntoso. Sencillamente es una piscina natural de agua dulce.

En la parte baja llaman la atención los árboles que, casi en hilera, parecen custodiar el río y la cascada como si fueran centinelas de su belleza; las nudosas y gruesas raíces perforan la tierra. El matapalo y el cimelino son las especies arbóreas que dominan el paisaje.

“Los fines de semana viene mucha gente a bañarse en el río, que es tranquilo; la mayoría es de Manabí, pero también vienen de Guayas”, comenta Jacinto Cedeño, uno de los pocos visitantes que prefirió llegar con su familia un día ordinario porque para él es aún más tranquilo.

Es oriundo de Calceta, pero vive hace 12 años en El Carmen. Prefiere no comentar sobre el resultado de la consulta que determinó que La Manga del Cura vaya a Manabí.

Los resultados del CNE fueron claros: el 64,2% (8.525) de los sufragantes en La Manga del Cura dio su voto para pertenecer a la provincia de Manabí. Mientras que por la opción de Guayas votaron 4.380 personas (33%). Hubo 291 votos nulos (2,2%) y 88 blancos (0,7%).

Para Jacinto, eso es historia y, sobre todo, debe prevalecer en la gente que todos somos ecuatorianos.

Más bien comenta que es asiduo visitante de la cascada, porque le ofrece la tranquilidad que muy difícilmente podría encontrar en otros lugares. Para este hombre, el Salto del Armadillo no solo es la cascada y el río, sino también su tierra pródiga. Es que en su entorno se observan variados cultivos. Prevalecen la palma africana, el cacao, el maíz y, en menor volumen, el arroz.

Por estar en una zona que recién la semana pasada la mayoría de los moradores definió su pertenencia, no cuenta con una buena infraestructura turística.

En la comunidad, pocos son los lugares que ofrecen comidas típicas y a pocos metros del río y la cascada, apenas se observa una cabaña, cuyos propietarios ofrecen a los visitantes empanadas y tortillas de verde. “Hace falta mucho trabajo para que esto sea un lugar más acogedor, tiene la belleza de su paisaje, el río es tranquilo, pero se necesita que haya más negocios de comidas”, opina Tomasa Barcos, una lugareña que aprovecha las aguas para lavar ropa “a puño”.

Llama la atención para quienes recién visitan el sitio ver desde el puente peatonal que algunas incipientes construcciones estén pintadas, unos con los colores celeste y blanco de la bandera de Guayas, así como de verde, rojo y blanco, de Manabí. Para quienes frecuentan el lugar esto no es novedad.

Según el prefecto de Manabí, Mariano Zambrano, uno de los primeros puntos en los que se debe trabajar será en la reforestación del lugar. “Tenemos una gran represa, que es la Daule-Peripa, pero se han cortado muchísimos árboles, hay zonas que se han convertido en potreros”.

“Para obtener resultados, debemos trabajar con todos los niveles de gobierno”, destaca Zambrano.

Llegar al sitio no es difícil: desde Los Ríos se ingresa por Paraíso la 14 hasta llegar a una bifurcación, cuyos letreros indican dónde se encuentra la cascada.

Desde Manabí, el trayecto se lo puede hacer desde el cantón El Carmen, mientras que desde Guayas se debe tomar una gabarra. (I)

Propuesta para centro turístico y ecológico

El sector de la cascada es uno de los principales puntos turísticos en La Manga del Cura, pero el lugar no cuenta con una infraestructura adecuada para recibir a un gran número de visitantes.

Mariano Zambrano, prefecto de Manabí, indicó que de momento se prepara un proyecto que envuelva el marco turístico con el cuidado del medio ambiente. “Nosotros queremos convertir a La Manga del Cura en el primer centro turístico ecológico del país”, indicó.

Estos trabajos incluyen tener un complejo turístico en sitio, como también lo tiene el Salto del Pintado.

“Esta es un área protegida y he pedido que se haga un proyecto para hacerle senderos que no perjudiquen al entorno natural, en los que las personas puedan observar la belleza del lugar, será un gran proyecto que tenga como objetivo cuidar la naturaleza”, resaltó.

Con respecto a obras complementarias, Zambrano expresó que los negocios de comida, venta de recuerdos, entre otros, deberán cumplir con las normas ambientales. Los trabajos iniciarían en 2016, de momento se efectúan los estudios, pero aún no hay un presupuesto de cuánto costaría la obra. (I)

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