Puná-Pallatanga, la falla sísmica que alerta a Guayaquil
Un simulacro de terremoto previsto para las 09:00 del 17 de noviembre del año que termina pasó de lo imaginario a lo real. La naturaleza le tomó la delantera a los funcionarios del Municipio de Guayaquil y a las 08:40 sorprendió a los ciudadanos con un remezón de 6.0 grados de intensidad.
En lugares como la terminal terrestre los usuarios, incluso reporteros, consideraron que el experimento funcionaba a la perfección: las sirenas sonaban y la gente respondía como en el manual: con rapidez, orden e incluso con un gesto de temor en el rostro; pero no, todo fue real.
Este movimiento no solo activó las alarmas de las instituciones involucradas en la prueba que pretendía medir el nivel de respuesta en caso de emergencia sino que también alteró a la población que, a partir de ese momento, especuló con eventos sísmicos de mayor intensidad.
Así, el temblor -cuyo epicentro fue el sur de Guayaquil- trajo nuevamente al tapete de las discusiones la situación sísmica de Ecuador y activó los miedos guardados luego del terremoto del 16 de abril de 2016. La población sabe que el país se encuentra en un cordón de ebullición volcánica, pero sobre todo de alta actividad telúrica.
Los científicos, tanto del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, como de la Sociedad Ecuatoriana de Ingenieros Sísmicos aportaron con sus investigaciones para dar claridad y seguridad de lo que significan los constantes temblores.
Los expertos explicaron que los eventos sísmicos en la zona del Golfo de Guayaquil están relacionados con el proceso de subducción de la placa de Nazca en la Continental (Sudamericana), proceso que incide fuertemente en la llamada falla de Puná-Pallatanga, una especie de fisura subterránea.
Y aunque todas estas explicaciones parecieran catastróficas, Guayaquil y Ecuador en general tienen una ventaja sobre otras zonas de características similares en sismicidad, ya que acá todos los eventos ocurren a gran profundidad, por lo que los efectos no son tan dañinos en la superficie.
Desde el pasado 17 de noviembre hasta el 3 diciembre en la zona del golfo se registraron 4 eventos sísmicos, pero ninguno causó daños mayores. Solo el que tuvo epicentro en Balao, límite entre Guayas y El Oro, derrumbó la pared de una vetusta casa en Pasaje.
Sin embargo, no podemos cruzarnos de brazos y confiar en la benevolencia de la naturaleza; sectores de Guayaquil como los Guasmos, el Suburbio Oeste e incluso el centro de la ciudad son vulnerables a los terremotos por la condición del suelo. Por ello es que los expertos insisten en la importancia de respetar y hacer respetar las normas antisísmicas en la construcción.
Indudablemente, la mejor prevención es el respeto de las normas. (I)
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