Una alumna y su profesora de primaria se reencuentran, por coincidencia, en el conjunto después de 60 años

Grupo de adultos mayores se presenta al mundo de la música con su primer disco

- 31 de agosto de 2014 - 00:00
Ana Sergia Villavicencio Mendoza (a la izquierda) y Alba de la Torre (a la derecha) son voces principales del coro del Centro Gerontológico Arsenio de la Torre. La agrupación surgió hace 7 años. Foto: Pilar Vera.

Una alumna y su profesora de primaria se reencuentran, por coincidencia, en el conjunto después de 60 años

La espera en el recibidor del Centro Gerontológico Arsenio de la Torre, ubicado en el norte, resulta relajante la mañana de los martes y los jueves. Melodías, compuestas de voces masculinas y femeninas, ayudan a entrar en un trance y estado de paz. Pero la música se detiene y se escuchan instrucciones y carcajadas.

Lo que suena de 09:00 a 11:00, en esos días, no es un disco compacto. Es un grupo que ensaya en un cuarto crema con un letrero que dice: Capilla.

En el interior hay imágenes religiosas y sillas largas, como las de las Iglesias, donde a diario los adultos se arrodillan y hacen plegarias.

Pero por dos días, en ese templo, en vez de inaudibles rezos, se escuchan voces afinadas, cuyos cantos llegan de los pasillos del centro especializado y al que concurren 1.300 adultos mayores para mejorar la salud física y mental.

Coincidentemente, al cruzar esa puerta de madera de la capilla se puede presenciar una suerte de milagro: el coro, de juveniles y potentes voces, lo componen 33 personas de la tercera edad.

El profesionalismo que muestra la agrupación, formada hace 7 años, se evidencia en los ensayos. “¡No, no sigue igual. El ritmo no puede perderse!”, corrige, moviendo las manos y parando la pista, la directora cubana, Yanella Duarte, de 39 años, a estudiantes, la mayoría, de cabelleras blancas.

Primeras voces y segundas voces y ritmo con tecnicismos que manejan a la perfección los miembros del grupo musical del centro.

Carmen Macías, de 82 años, es una de las integrantes del grupo. “¡Soy primera voz... Soprano!”, explica la cantante. La abuelita de 14 nietos y madre de 10 hijos recordó que nunca había cantado en público, pero que en la prueba que le hicieron descubrió un talento que la acompañó toda la vida. “Mi primer profesor del coro, un peruano, me tomó una prueba tocando una tecla de órgano, canté, y me dijo: ‘Estás apta para formar parte del coro’”.

Desde entonces, esta fanática del pasillo y ama de casa del Suburbio pasó de atender hijos y nietos, a corista. “Casi me muero en casa, estaba deprimida, pensaba que la vida se acababa, hasta que llegué a este lugar. ¡Usted se imagina lo que es cuidar tantos hijos y nietos!”, confiesa. Y añade: “Ahora cuido ganzos y patos en mi casa, pero son mis mascotas, no para comer”.

El curso ha resultado tan “milagroso” que allí, entre los adultos mayores, se encontraron una exmaestra de primaria y la que hace muchos años fue su alumna, en otra provincia, hace 67 años.

Las protagonistas del reencuentro son la profesora Ana Sergia Villavicencio Mendoza (de 95 años) y su exalumna Ena García Chancay (de 73 años), quienes hace muchas décadas emigraron, por diferentes razones y en épocas distintas, desde Bahía de Caráquez a Guayaquil.

Las dos coristas un día se sentaron en el comedor y se reconocieron tras un diálogo.

-Yo era profesora, de primaria, en Bahía de Caráquez-, contó en la mesa la maestra Sergia, quien tiene una voz fuerte y una dicción perfecta, que le permite ser la primera voz.

-Yo también soy de allá. ¿Dónde dio clases?- le preguntó, con su suave voz, Ena, quien es segunda voz.

-En la Escuela Montúfar-, le aclaró Sergia.

Ella le vio bien el rostro y le preguntó sus nombres. Como es costumbre de Sergia, siempre repite, con firmeza, sus dos nombres y apellidos. Entonces, Ena se puso la mano en la boca, sorprendida, y repreguntó: “¿No me diga que usted es Ana Sergia Villavicencio Mendoza, mi profesora de primaria?”.

-La misma que viste y calza-, le respondió, con picardía, la corista, quien dentro de 9 días cumplirá 96 años de edad y sigue siendo la integrante del grupo, con mayor edad, y pieza fundamental de la agrupación.

Su único problema de salud está al caminar, pues tras una caída se afectó una pierna , por lo que tuvo que abandonar su oficio amado: “Modista de alta costura”, recuerda la residente de Samanes.

Cuando camina requiere apoyarse un poco en alguien. Pero su memoria está intacta. Es una declamadora excelente. Y como muestra, modula la voz, y recita sin mucho esfuerzo un verso de “El Cañón”:

“Ha llegado la vejez con el fin de destruirme / Pero ya me he puesto firme y con eso lucharé / El pasado ya se fue / Compró ida sin regreso / Y no conforme con eso, se llevó mi juventud/ Dejándome sin salud, vieja, fea y con poco peso/ Pero a pesar de eso, ¡me siento como un cañón!...”.

El poema completo es parte del disco “Voces de Guayacán” que, tras un lustro de trabajo, lanzó ayer el colectivo, el cual ha realizado presentaciones en diversos eventos de la ciudad.

El disco compacto, que aún no tiene un precio definido, se comercializará en la institución, ubicada en la avenida Carlos Julio Arosemena. Tiene 8 canciones y un poema. Todos grabados en un estudio profesional.

Yanella Duarte, música profesional de formación y que por primera ocasión trabaja con adultos mayores, detalla que en el proceso de formación ha descubierto que la voz se conserva con el paso de los años, lo que explica el porqué los cantos son potentes. “Con ellos hemos trabajado la respiración y el ritmo para superar algunas limitaciones. Mejoraron la vocalización y aprendieron a cantar. Esos ejercicios, incluso, le han ayudado a la respiración, la circulación y la depresión”.

En el proceso algunos integrantes, por edad y dolencias, han fallecido, uno de los últimos: Fernando Kuffó, de 90 años, a quien algunos de sus compañeros dedican el CD.

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