@BuenVivir_EC
Cuando le pregunté al padre jesuita y maestro de meditación zen Marco Vinicio Rueda, sobre el significado del zen, me respondió: “No te puedo decir, porque el zen está más allá de las palabras y los conceptos”. Me tomó tiempo entender el real significado de su respuesta porque en aquella época, con mi mente cartesiana y racionalista, me resultaba difícil comprender que hubiese algo que no podía ser explicado con palabras. Con la meditación, descubrí que en el silencio había un lenguaje y un mensaje intrínseco a todo ser humano, pero que pocos experimentan.
Hirano Katsofumi, el japonés gran maestro del zen, me comentó que cuando tuvo el honor de reunirse con Juan Pablo II, que era un profundo meditador, le pidió que enseñara meditación zen a sus más cercanos cardenales. Posteriormente, durante la visita de un obispo católico japonés a nuestro país, pregunté su opinión sobre la conveniencia del zen -que tiene su origen en el budismo japonés- y me respondió que esta práctica era muy buena antes de la oración.
He conocido muchas formas de meditación, como el yoga hindú, el vipásana budista, la tibetana, la versión norteamericana y seglar llamada mindfullness; el misticismo cristiano, que tiene en San Juan de la Cruz y Teresa de Ávila a dos de sus más ejemplares representantes; y la de Rumi, el más excelso poeta del sufismo del islam. Así entendí que no había diferencia entre ellas, porque el silencio unía a todos en un espacio sagrado y holístico. Durante un encuentro que tuve con el Ministro de Educación de la República Popular de China, quise conocer su opinión sobre la propuesta de crear momentos de silencio en las escuelas y colegios del mundo entero, para fomentar el bienestar de los estudiantes. El ministro me comentó que en la antigua China, en épocas de Confucio se practicaban -3 veces al día- períodos de silencio como un ejercicio fundamental para la buena vida. La meditación no puede ser explicada con palabras y conceptos porque es vivir en el presente. Es simplemente hacer lo que es necesario con plena consciencia y atención.
Meditar es vivir cada instante en plenitud total. La única forma de entenderlo es sentarse en calma y quietud y dejar que el silencio interior nos lleve a la esencia de nuestro ser donde reside la paz y la verdadera alegría de vivir. Solo entonces podremos entender qué es y para qué sirve la meditación. (O)
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