Un golpe de Estado en Brasil deja dañada la democracia regional
Los grupos poderosos de Brasil dejaron sentado, desde hace más de una década, que no apoyarán un modelo que no sea el suyo (el neoliberal). Y entre esos grupos están los mediáticos, bien articulados con sus pares regionales. Nunca aceptaron un modo de ejercer el poder, de servir a las mayorías, de sacar de la pobreza a 30 millones de brasileños, etc.
Ahora hicieron uso ilegítimo e ilegal de un recurso poco ético para conseguir su objetivo político: sacar del poder a la presidenta Dilma Rousseff. Ella ha sufrido un golpe de Estado por hacer lo mismo que hicieron otros presidentes. Pero, claro, con otros jamás tuvieron la misma actitud porque ellos sirvieron a sus intereses. Y esto que ocurre en Brasil es un pésimo precedente para América Latina.
Incluso nos afecta a todos porque impone un modo de desestabilizar la democracia bajo arbitrios de orden golpista. No cabe duda de que, con este acontecimiento, otros grupos de nuestra región se inspirarán para actuar con más arrogancia. Ojo con lo que pase en adelante en Venezuela, en Bolivia y en Ecuador, tres países pilares del cambio histórico de América Latina. (O)
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