El diálogo y el debate ponen a Ecuador a pensar hondo
Ya han pasado varios meses del proceso de diálogo por la equidad y la justicia social. Y a ese se unió esta semana que termina el debate económico entre el Presidente de la República, dos de sus ministros y tres economistas críticos. Entonces, hay algo que desdice de cierto lugar común instalado en el ‘imaginario mediático’ del país.
De acuerdo a las primeras encuestas, tras los diálogos y luego del debate, un alto porcentaje de la ciudadanía aprueba y destaca que ocurran estos hechos. Incluso resulta ilustrativo que las respuestas sean a favor de continuar hablando, debatiendo, colocando las prioridades sociales y económicas por encima de las proselitistas y electoralistas.
El diálogo y el debate profundizan la democracia y esta adquiere un peso significativo en la vida de la ciudadanía. Claro, si hay cruce de ideas, planteamientos, divergencias, propuestas y hasta afirmaciones ideológicas válidas y legítimas, no cabe duda de que tenemos un caudal de pensamientos en una dinámica que no solo destaca la crítica opositora, sino también el aporte técnico y hasta crítico de todos quienes quieren hacer de este momento difícil una oportunidad para avanzar y no para reiterar en las mismas fórmulas que nos llevaron a la peor crisis a finales del siglo XX.
Quienes creen que no hay diálogo suponen que solo ocurriría si ellos pusieran las reglas o se hiciera con base en su propia agenda. Y por eso no asisten y quedan fuera de un espacio de reflexión profundo sobre lo que se debe corregir y hacer en Ecuador, además de aquello que hay que sostener y profundizar.
Un exbanquero y candidato presidencial niega el diálogo porque solo quiere hacerlo con el Primer Mandatario. Si no es con él, no hay nada. Y entonces, según su visión, en nuestra patria no hay diálogo.
Y a la vez se desmorona aquel estribillo de que en Ecuador no hay libertad de expresión (si se entiende esta no como patrimonio de los medios y los periodistas). Todos estos meses la gente habló, discutió y hasta polemizó con la mayor libertad de expresión. Y de eso hay registro documental en todos los medios responsables y éticos, en las web y blogs de análisis y debate político. Para la historia hay un registro que podrá valorarse como clave para entender nuestras identidades y debilidades. Incluso, para la historia será clave comparar qué clase de diálogo social ocurrió cuando tuvimos el peor momento económico con la crisis bancaria con esta coyuntura. Nunca a los gobiernos de aquel entonces se les ocurrió abrir a la ciudadanía espacios y escenarios para discutir colectivamente una salida. Claro, quienes dirigían formalmente el Estado eran unos y quienes lo gobernaban eran otros desde lugares ‘informales’.
Debate y diálogo son un aprendizaje que debe sopesar en la pedagogía política que requiere el país y ciertos sectores partidistas para el próximo año, que se pinta electoral por donde se vea. (O
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