El 30-S cumple 4 años y marca una firme huella en nuestra democracia
No fue para nada una rebelión o un reclamo estrictamente gremial: se habían gestado las condiciones para un golpe de Estado y no ocurrió, sobre todo por la respuesta popular. No hay duda de que tenemos en esa fecha un referente de cómo determinadas fuerzas se revelan como son: arribistas, utilitarias, deshonestas.
Y con esa vocación pescan a río revuelto y convulsionan el país. Pero también lo acaecido el 30-S es la prueba de que el proceso político está sembrado de condumio popular. Más allá de los asuntos jurídicos y judiciales, el hecho sigue latente como una indeleble huella de lo que es capaz de hacer la democracia sustentada en la verdad, la legitimidad y la participación de sus ciudadanos.
Han pasado 4 años y las secuelas de aquel día están ahí: los promotores no capitalizan ningún respaldo; sus cómplices y ‘auspiciantes’, envalentonados, no han aprendido ninguna lección. Y, para más inri, su prensa cómplice hoy mira hacia otro lado, desentendida, como si fuese ‘inocente’.
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