La solidaridad toma distintos rostros y arranca sonrisas

- 26 de diciembre de 2019 - 00:00

Navidad es tiempo de solidaridad, de amor, de perdonar errores, de tender la mano a quienes lo necesitan; es la fecha propicia, aunque debería hacérselo todo el tiempo. Es recordar el nacimiento del Niño Jesús y su obra en la Tierra.

En estos tiempos de crisis donde vemos a hermanos de otros países en las calles mendigando para poder subsistir, a niños en situación de vulnerabilidad, a ancianos, personas con discapacidad, y también a animalitos que son desechados, es bueno sensibilizar nuestros corazones y llevar algo de alegría a aquellos que tienen días grises.

No es la cantidad sino la calidad de lo que les podamos ofrecer. A veces ellos ni siquiera esperan algo material sino una mano atenta, una mirada, una sonrisa. Necesitan atención, ser escuchados.

La lucha por sacar de las calles a niños en situación de riesgo es ardua; ministerios del ramo que tienen la competencia realizan todos los años campañas contra la mendicidad, la cual se acrecienta en estas fechas. Pero el problema persiste todos los años y todos los días.

No hay una solución a corto plazo, pero debería haber planes integrales de atención, no solo a la persona en situación de vulnerabilidad sino a todo su entorno. Es necesario que, además de la labor del Gobierno, se unan organizaciones de la sociedad civil, ONG, instituciones públicas y privadas para abordar el problema y que no se quede solo en análisis y debates sino llegar a soluciones viables, ejecutables.

Para muchas personas, la calle es su fuente de trabajo, pues en ella venden diferentes productos, hacen piruetas, cantan, cuentan chistes, lavan carros, pero allí también está el peligro, la inseguridad.

Guayaquil y otras ciudades de la provincia del Guayas y del país están llenas de luces multicolores que invitan a la ciudadanía no solo a pasear sino a no perder la esperanza, esa esperanza que debe estar siempre en todos aquellos que no han tenido una oportunidad laboral, de tener una familia, de tener a alguien que los proteja. Es tiempo de abrir nuestros corazones y ver más allá. (I)

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