En las últimas décadas ha crecido el empleo femenino, sobre todo en esferas antes restringidas a los hombres, se ha reducido la brecha salarial y la autonomía económica ganada por las mujeres ha mejorado sus condiciones, no solo materiales sino también personales. Sin embargo, hay aspectos que han avanzado a un ritmo menos rápido o en algunos casos casi nulo. Por ejemplo, el uso del tiempo relacionado a tareas de cuidado del hogar, de menores o de personas de la tercera edad o con discapacidad.
Según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Censo relacionada a ese tema (2012), las mujeres todavía tienen menos tiempo personal en comparación con los hombres, básicamente porque siguen siendo quienes se ocupan de las tareas de la casa y del cuidado, asuntos que son vistos aún como ‘de mujeres’ tanto por los hombres como por las mismas mujeres. Esa situación es algo distinta en parejas jóvenes y en ciertos estratos sociales con niveles de educación más altos. Del total de tiempo en la semana, las mujeres destinan un 46% al trabajo (remunerado y no remunerado) y un 54% al tiempo personal. Los hombres destinan un 40% al trabajo (remunerado y no remunerado) y un 60% al tiempo personal.
Formalmente, a través de la Constitución de 2008, se consiguieron grandes avances como el reconocimiento del trabajo no remunerado. Ahora que está en discusión un nuevo Código de Trabajo se abre la oportunidad para incorporar temas relacionados con el ámbito laboral que contribuyan a anular la encrucijada que representa para algunas mujeres ser madres o ser profesionales. Entre esos temas están: considerar el uso del tiempo, crear incentivos para que las empresas tengan centros de cuidado infantil, reconocer tipos de trabajo más flexibles, etc. Y en las discusiones deben involucrarse hombres y mujeres porque son asuntos que se inscriben en la relación entre ambos. Además, las cifras, indicadores y proyectos económicos deben incorporar la variable de género porque, como señaló la investigadora italiana Antonella Picchio, el homo economicus va al trabajo planchado, lavado, comido, etc., todo un proceso invisibilizado por la sociedad que está directamente relacionado con la organización y la fuerza del trabajo.
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