El uso correcto de la mascarilla no se cumple aún un 100% en Quito

En un recorrido por el Centro Histórico se evidenció que no menos de 24 transeúntes no acataban, o acataban a medias este requisito para evitar la propagación del virus en la etapa de distanciamiento social que vive la ciudad.
04 de junio 00:00

Ayer no fue un día ordinario para Quito. Se trató del primero en el que la capital relaja -un poco- las medidas restrictivas y cambió a la fase de distanciamiento social.

Desde la mañana se evidenció más movimiento en las calles. Autos con placas impares, autorizadas a circular los lunes, miércoles y viernes, transitaban por las vías.

A través de las ventanillas de los vehículos se podía ver a la mayoría de conductores y sus acompañantes con mascarillas de todo tipo.

El transporte municipal le da otro color a la ciudad. El trolebús marca su presencia en la Av. 10 de Agosto, uno de los principales ejes viales de la capital.

Las unidades no tardan mucho en llegar. En la parada de San Blas, puerta norte del Centro Histórico, pasan los troles cada cinco u ocho minutos.

La imagen no es la habitual. Pocas personas de pie, otros pocos sentados y no más de cinco personas dentro de la parada, sin nadie esperando fuera.

Al avanzar por la calle Guayaquil, en el trayecto  hacia el sur, la presencia de transeúntes no es muy distinta  a la que se tenía antes de la emergencia.

El cambio está en sus rostros, los gestos son difíciles de leer por el uso -correcto unos, a medias otros- de la mascarilla, exigencia implementada por el COE Nacional en todo el país.

Sin embargo, hay costumbres difíciles de cambiar. Más de una persona, tres para ser más precisos, llevan la mascarilla bajo el mentón, para saborear en el camino un tradicional helado de máquina.

Las ventas informales continúan, con su producto estrella: las mascarillas, con diferentes precios, formas, tamaños y materiales.

“¡Las originales, con tres capas, antifluidos!” se escucha gritar a un hombre con acento extranjero, que lleva en sus manos no menos de 20 productos, también de variados diseños.

Menos de un 50% de los locales, que llenan la calle Guayaquil, abren sus puertas en este primer día de semáforo amarillo.

Cada uno mantiene medidas de  bioseguridad según sus posibilidades.

En la entrada de un local pequeño, en el que se ofertan maquillajes, uno de sus trabajadores esparce agua con cloro sobre una pequeña alfombra para que, al ingresar, la clientela que tanto esperan, desinfecte su calzado.

Similar a un día normal

Las grandes cadenas, dispusieron a uno de sus trabajadores a la entrada para que controlara la temperatura y colocara alcohol en gel en las manos de los visitantes antes de ingresar.

Para Carmen, una mujer joven que trabaja como cajera en un comisariato del Centro Histórico, el inicio de su día no fue muy diferente a lo que vive desde el inicio de la emergencia.

El transporte de su empresa la recogió a la entrada de su domicilio y la llevó a su lugar de trabajo.

Allí se mantendría hasta su hora de salida (20:00), que -por ahora- es el único cambio en su rutina porque el toque de queda inicia a las 21:00.

Luis Lasso salió ayer a trabajar con su taxi, por primera vez, desde que se declaró la emergencia  en el país.

Tras la placa de plástico que lo separa de sus pasajeros, cuenta que su esposa le dijo “¡Ni loco te vayas a quitar la mascarilla!”.

Luego de la muerte de tres de sus compañeros de la compañía Pisulí temía salir y contagiarse, o llevar el virus a la vivienda que comparte con su esposa, hijos, primos, padres y sobrinos. (I)

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