El centro comercial De mayoristas andinos al sur de quito reúne a 2.083 artesanos de calzado y textiles

Productores piden más control en fronteras

- 18 de marzo de 2015 - 00:00
Kléver Maila produce ropa infantil que se distribuye en el país. El artesano confía en que las salvaguardias incentiven la producción nacional. Foto: Fernando Sandoval / El Telégrafo

El centro comercial De mayoristas andinos al sur de quito reúne a 2.083 artesanos de calzado y textiles

El Centro Comercial de Mayoristas Andinos, ubicado en el sur de Quito, reúne a 2.083 productores y comerciantes locales, especialmente de Pichincha, Tungurahua, Chimborazo, Imbabura y Cotopaxi.

Su mercadería -que incluye ropa interior, cobijas, ropa de cama, prendas infantiles, trajes, jeans, artículos de cuero, conjuntos deportivos y calzado- se distribuye en el país y sus mercados más importantes son Tulcán y Guayaquil.

Pero hace un año los productores sintieron el impacto de la devaluación monetaria de Colombia y Perú, así como del contrabando, factores externos que pusieron en riesgo sus negocios, y ahora confían en que las salvaguardias arancelarias reaviven el sector.

Wilson Hidalgo, productor textil y representante de los comerciantes, contó que hace un año grandes pedidos llegaban desde Tulcán para comercializar las prendas ecuatorianas en Colombia, cuando el cambio estaba a 1.950 pesos. Tras la devaluación, el dólar se cotiza a 2.600 pesos, lo que encareció el producto local y los comerciantes optaron por traer mercadería de allá. “Al crear salvaguardias se protege al productor nacional y crecerá la demanda, lo que nos obligará a producir más, contratar más personal y mejorar nuestra calidad”, indicó.

De los 2.083 socios, el 70% es de productores, el 15% comercializa prendas y calzado nacional, y el 15% ofrece mercadería importada de Panamá, China, Colombia y Perú.

A este último grupo, que sería afectado por las salvaguardias, se le propondrá que empiece a producir y para ello buscará el apoyo de la Junta de Defensa del Artesano con capacitación y de la Corporación Financiera Nacional con crédito productivo.  

El contrabando es un obstáculo

La mayoría de prendas baratas ingresa desde Perú. Para los productores, se trata de una competencia desleal porque al evadir impuestos pueden abaratar costos y ofrecer descuentos. Y consideran a la frontera sur como la puerta de entrada de la mercadería china. “Quienes defienden la importación es porque tienen intereses particulares, pero no están pensando en el bienestar general. Además, adquirir productos chinos, por ejemplo, es obtener un beneficio momentáneo porque si bien es más barato, su calidad no es la mejor”, apuntó Hidalgo.

Kléver Maila produce ropa infantil que se distribuye en el país con precios competitivos -de $ 11,50 a   $ 20 según la talla y el tipo de prenda-, pero el contrabando afecta su negocio.

En diciembre de 2013 tenía 32 empleados, pero el año pasado las ventas decayeron y en su taller tiene ahora 12 personas. “Con el impulso a la producción nacional esperamos que el negocio se recupere y abrir más plazas de empleo”, indicó el artesano, quien defiende la calidad de sus productos. “China produce ropa buena, pero a los mercados suramericanos traen las prendas más económicas.Si bien la ropa nacional puede ser más costosa en algunos casos, se trata de prendas duraderas”, acotó.

Edelina Tituaña comercializa jeans de Pelileo y destacó la calidad de sus prendas. En sus estanterías cuenta con pantalones para hombre y mujer, en distintos colores y diseños, que oscilan entre los $ 12 y $ 20. “Nuestros clientes regresan, eso solo avala la calidad de las prendas que ofrecemos”, anotó.

Sonia Dávila es propietaria de una textilera en Amaguaña que se especializa en la producción de telas de algodón. Sus principales clientes son los productores andinos y así como ellos, sostuvo que las salvaguardias ayudarán a frenar la crisis que vivían sus negocios. Le preocupa qué ocurrirá después de los 15 meses que durará la medida. Por ello, pide que la Cámara de la Pequeña y Mediana Industria de Pichincha (Capeipi) los apoye con capacitación en mejoramiento productivo.

“En mi negocio ofrezco telas nacionales e importadas. Las primeras las confecciono, pero las otras, con mayor detalle y calidad, vienen de Corea. Me gustaría incursionar en esa línea de producción, pero desconozco dónde puedo obtener la maquinaria y la fabricación”, sostuvo la empresaria, que en el último mes detuvo la producción porque aún tiene en estantería las piezas que tenía previsto vender en diciembre.

Del lado de los consumidores, el precio y calidad van de la mano. Gloria Moposita compró ayer algunas prendas nacionales, de las cuales destacó el costo y la durabilidad. A ella le interesa que las salvaguardias no generen especulación.  

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