La industria de la moda se involucra en responsabilidad social y ética

- 19 de febrero de 2019 - 15:53
Almacenes de prati cuenta con talleres de confección y actualización para mujeres de entre 18 y 55 años.
Foto: Cortesía de De Prati / DC

El consumidor ha volteado la mirada al consumo de prendas que hayan sido confeccionadas con respeto ambiental y laboral.

¿Se puede ser elegante y sustentable al mismo tiempo? Para los entendidos en moda la respuesta es un rotundo sí. Pero cuál de esos aspectos hay que tomar en cuenta a la hora de vestir.

Para María Gracia Witt, asesora de moda y marca personal, “todo depende de la escala de prioridades que tenga la persona al adquirir una prenda”.

“Muy pocas personas se fijan en la procedencia de un vestido a la hora de comprarlo y priorizan la marca o la tendencia de la moda”.

Sin embargo, reconoce que en los últimos años el comportamiento del consumidor está cambiando, especialmente porque las nuevas generaciones viven en una sociedad que acarrea problemas de generaciones pasadas como la contaminación y las malas prácticas laborales.

“La exposición en las redes sociales y los cambios de la sociedad han puesto en escena una serie de prácticas de las que esta generación no está dispuesta a formar parte y trabaja o actúa para que se produzca un cambio. Aunque parezca mentira, elegir una prenda de vestir, cuyo proceso esté acorde a las nuevas realidades, ya es un aporte significativo”.

Precisamente esa filosofía motivó el nacimiento de la moda con responsabilidad social y ética. Pero, ¿de qué se trata esta tendencia?

Evangelina Gómez-Durañona, directora ejecutiva en el Consorcio Ecuatoriano para la Responsabilidad Social, explica que concepto “moda con responsabilidad” propone conseguir que el diseño, suministro, fabricación y consumo de prendas mejore la calidad de vida de todos los participantes de la cadena productiva.

Esa política juega un papel activo en la reducción de la pobreza y la creación de medios de vida sostenibles, mientras minimiza el impacto sobre el medio ambiente.

Algo que provocó un remezón social fue la filtraron imágenes de reconocidas empresas de la moda que tenían en sus maquilas -fuera de sus países de origen- a trabajadores en condiciones insalubres, sin un salario justo e, incluso, fomentaban el trabajo infantil.

La presión social hizo que poco a poco eso cambie por una cultura en la que la trazabilidad (serie de procedimientos que permiten seguir la evolución de un producto en cada una de sus etapas) sea determinante para estas empresas.

En Ecuador esa tendencia también está ganando espacio y varias firmas toman la responsabilidad social como su filosofía empresarial. La primera en dar ese salto -hace 15 años- fue Almacenes De Prati, una de las cadenas más grandes del país.

Soledad Ponce, gerente senior de marketing, explica que la empresa dio el primer paso al desarrollar marcas propias en conjunto con proveedores locales.

“Los proveedores son socios estratégicos en nuestras operaciones y gracias a una relación de mutua confianza, más un acompañamiento constante en sus procesos y operaciones, han crecido a la par con nosotros”.

Esa estrategia les permitió fortalecerse en el mercado y expandir sus tiendas con un concepto de mercadeo que combine calidad con servicio.

Actualmente cuenta con 13 tiendas físicas en el país: 6 en Guayaquil, 6 en Quito y 1 en Manta, y la tienda online www.deprati.com.ec.

A manera de retribución a la sociedad, De Prati impulsó el programa “Mujeres Confeccionistas Emprendedoras” para brindar a las participantes herramientas útiles para su desarrollo como la educación y así generar emprendimientos que aporten a la economía de sus familias y del país.

El programa “Mujeres Confeccionistas Emprendedoras” ha capacitado a 381 participantes: 270 en Guayaquil desde el 2014, 81 en Quito desde el 2015, y 30 en Manta en su primer año, brindándoles 635 horas de capacitación a cada una.

De esa manera atienden a mujeres de entre 18 y 55 años, de sectores vulnerables, a quienes no se les exige experiencia previa en operatividad de máquinas, ni de confecciones.

“El programa ha logrado que el 70% de las mujeres participantes haya iniciado sus emprendimientos”.

Además, la empresa también se muestra preocupada por los efectos de la contaminación ambiental y sigue de cerca procesos que permitan el consumo de insumos amigables con el medio ambiente.

“Nuestros primeros pasos los dimos con la presentación de una cápsula de edición limitada de la marca H&O en nuestra colección Navidad 2018, la cual utilizó materiales reciclados y de origen natural, como botones de coco y tejidos orgánicos, como el algodón”.

El alcance de la moda con responsabilidad social no solo se da en cadenas de retail como De Prati, sino también en empresas más pequeñas que tienen en servicio social en su ADN.

Los productos de Looop se comercializan en su página web, en la sección moda de la cadena Supermaxi y también en almacén concept store, La Coruña-España.Los productos de Looop se comercializan en su página web, en la sección moda de la cadena Supermaxi y también en almacén Concept Store, La Coruña-España.    

Es el caso de la marca ecuatoriana de calzado y chaquetas LOOOP, que destaca por la calidad de sus prendas confeccionadas con estándares internacionales y porque detrás de cada una hay un proceso de responsabilidad social y ambiental acorde a las tendencias globales.

Javier Porta, gerente general de la marca, explica que el primer impacto social que tienen como empresa es el artesanal.

LOOOP trabaja con un grupo de artesanos tungurahuenses, radicados en Quito, a quienes capacitaron en el uso de nuevas tecnologías y de materiales importados (ecoamigables) para confeccionar los zapatos y chaquetas reversibles que, además, destacan por su diseño.

“Al ser una empresa nueva (2 años) no contamos con nuestros propios talleres, pero usamos los de este grupo de artesanos a quienes capacitamos constantemente”, precisa Porta.

Además explica que esa capacitación les permite a los artesanos ofrecer sus servicios a otras empresas durante los meses en los que no confeccionan para la marca. Es decir, pueden trabajar para otras personas, pero con una técnica más profesional”.

Eso les permite mejorar sus ingresos. Mientras que, por parte de LOOOP reciben un salario justo que supera incluso la oferta del mercado.

El segundo impacto social de de este emprendimiento es “mucho más visible”, comenta Porta.

Ellos lideran la campaña “Compra uno, ayuda a uno”, que consiste en que al comprar cualquier producto de la marca, automáticamente los clientes están ayudando a una persona en situación vulnerable en Ecuador a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

“Realizamos diferentes campañas y esta vez ayudamos a un grupo de mujeres en situación vulnerable para que puedan recibir insumos que les sirvan como herramienta de trabajo y así mejorar sus ingresos y calidad de vida”, explica el gerente de LOOOP.  

Porta, quien sacó  adelante el negocio junto con Jimena Romero, considera que la responsabilidad social no debe ser una labor filantrópica sino como una política empresaral que mejore la calidad de vida de las personas. (I)

ALGO MÁS

Los salarios son inadecuados

La industria mundial de la moda emplea a 60 millones de personas en su cadena de valor, según el informe de la Asociación Mundial de la Moda, un dato que la vuelve un importante impulsor de la salud económica y el empleo. No obstante, los salarios en los países productores de prendas de vestir a menudo son inadecuados y no cubren las necesidades básicas de los trabajadores.

Tecnología es crucial

La tecnología es clave en la moda. La digitalización ha proporcionado una serie de soluciones, pero todavía se desconoce cómo afectará el futuro de la industria. En algunos países la automatización podría reemplazar hasta el 90% de los trabajos de confección, según la misma fuente. (I)

Apuntes

01
Comercio con ética social
Javier Porta, gerente general de LOOOP, espera que en poco tiempo haya más empresas que fomenten el respeto al medio ambiente y a sus trabajadores sin que esto, necesariamente, tenga que verse como un gasto. “La empresa que pone en práctica estos valores éticos, definitivamente, tendrá ganancias porque estará en la preferencia del consumidor, fideliza clientes y les da la oportunidad de contribuir a la sociedad a través de algo tan simple como comprar”. (I)

02
Mejores condiciones para competir
Una de las preocupaciones de los empresarios de este sector, a decir de Porta, es el alto costo de las importaciones de materia prima para la confección de ciertos productos. “Aún nos falta mucho por desarrollar y aún más para competir con otros mercados puesto que los valores de importación de materia prima son elevados y eso encarece el producto final. Entiendo que eso se hace un poco para proteger lo local, pero debe haber un punto medio”. (I)

03
Una práctica que debe imitarse
Evangelina Gómez-Durañona explica que las prácticas de responsabilidad social deben ser una necesidad en cada empresa sin importar la actividad comercial que realiza. “Esto no es un tema estrictamente de un sector sino de todas las empresas que deben cambiar de forma adversa en la que operan porque esto les va a permitir actuar de mejor manera. Ecuador va por buen camino en este ámbito y cada vez hay mayor interés y ejecución”. (I)

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