La desigualdad económica es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. Hoy representa el eje de la campaña de Bernie Sanders en las primarias del Partido Demócrata de Estados Unidos.
¿Cómo tratar este creciente problema, aparentemente insoluble? La crisis financiera global evidenció numerosos y flagrantes excesos. Los bancos vendieron productos financieros de baja calidad disfrazados de inversiones de primer nivel a clientes desprevenidos y algunos incluso manipularon ilegalmente la formulación de tasas de interés internacionales de referencia, como la tasa LIBOR.
Una medida política obvia sería reducir o detener estas actividades especulativas y de captación de rentas. Sin embargo, los gobiernos solo han aplicado medidas inadecuadas e ineficaces.
Otra forma de abordar la desigualdad es el uso de impuestos progresivos, sumado a inversiones públicas que beneficien a los ciudadanos. Pero la tendencia ha sido la de reducir los impuestos de los ricos y sus empresas, al tiempo que se pasa la carga a los pobres y las clases medias a través de impuestos a las ventas.
Esta tendencia debería revertirse y aumentar la incidencia de los impuestos a los ricos.
Otra medida es la lucha contra la evasión fiscal y la fuga de capitales. En total, la evasión de impuestos de las compañías transnacionales cuesta a los países en desarrollo como mínimo $ 100 mil millones al año.
También hay una desigualdad creciente entre los países, y para resolverla es necesaria la cooperación internacional. Para empezar, los países desarrollados deberían cumplir con destinar el 0,7% de su PIB a la ayuda externa.
Asegurar precios justos para los productos básicos, principales exportaciones de muchos países en desarrollo que en los últimos dos años se debilitaron, quizás sea el paso más importante para lograr una mayor igualdad a escala internacional.
Varios países en desarrollo también están en peligro de caer de nuevo en la trampa de la deuda externa. Es necesario crear un mecanismo internacional para reestructurar deudas soberanas mediante soluciones más justas y equilibradas.
Los países desarrollados han aumentado su dominio sobre la tecnología. Sería útil una reforma del sistema mundial de derechos de propiedad intelectual, como han propuesto economistas, como Joseph Stiglitz, para evitar que sean un instrumento de captación de rentas.
También deberían revisarse los acuerdos de comercio y de inversión entre países desarrollados y en desarrollo, para garantizar un trato especial a la parte más débil del acuerdo.
La desigualdad es un tema candente y el tema de la desigualdad generará cuando la discusión aborde cómo superarla. (O)
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