La decadencia tiene nombres propios
El mejor Barça de la historia parece despedirse definitivamente de su ciclo triunfal que se resume en seis años y dieciséis títulos. Una decadencia que empezó ya hace dos temporadas y que puede explicarse a través de siete nombres propios.
Lionel Messi: Es cierto que, desde que se lesionó el bíceps femoral, no ha vuelto a ser el mismo y también que, a la vuelta de la esquina, hay un mundial que nunca ha ganado. Pero lo que le pasa a Messi es mucho más sencillo que todo eso. Ni está acabado, ni juega mermado ni su cabeza está ya en Brasil. El mejor futbolista del planeta ha acabado por aburrirse, después de que su equipo no funciona. Ha pasado de disfrutar como un niño en el recreo, a tener que buscarse la vida en cada partido. Es como si ahora le obligaran a ir cada día a la oficina.
Xavi Hernández: Si el Barça sin Messi es medio Barça, sin Xavi ni siquiera es el Barça. La decadencia del conjunto azulgrana se explica a través de la de Xavi, que cada vez ha tenido menos incidencia en el juego. Por primera vez en tres años asegura que juega sin dolor. Martino lo ha dosificado más que nunca, pero a Xavi lo único que le sigue yendo rápido es la cabeza. A sus 34 años, las piernas no le responden como antes y ya no ayuda en la recuperación ni disputa los balones divididos. Quizá es el momento de plantearse otras alternativas.
Dani Alves: Alves es el paradigma de lo que le ha acabado pasando a muchos jugadores de este equipo: empachados de títulos, emborrachados de gloria, han convertido la ilusión por ganar en rutina y han seguido jugando al fútbol casi por inercia, olvidándose de que, para mantenerse en lo más alto, deben seguir dedicándose a esta profesión en cuerpo y alma, y poner los cinco sentidos en cada partido.
Cesc Fábregas: Cesc se empeñó en volver y el Barça en recuperarlo y, tres años después, cada vez parece más claro que ambos se equivocaron. El jugador tiene un talento descomunal para asociarse y definir en los últimos veinte metros, donde se decide todo. Pero su juego anárquico de ida y vuelta necesita espacios por los cuales aparecer para descoser la defensa rival. El ‘Tata’ se ha empeñado en meterlo con calzador, y una y otra vez ha fracasado en el intento.
Carles Puyol: El Barcelona era un equipo solvente atrás hasta que, hace tres temporadas, Puyol dejó de ser de goma. A partir de ahí, el ‘capi’ pasó de jugarlo absolutamente todo a empezar a faltar cada vez más a clase. Ahora que su rodilla ha dicho basta, el club no tiene más remedio que buscar un nuevo Puyol, mientras ha descubierto a otro Piqué en la figura de Bartra.
Gerardo Martino: Llegó asegurando que entrenar al mejor equipo de la historia era un regalo y nueve meses después se va hastiado. La historia del ‘Tata’ en el Barcelona es la de un hombre devorado por el entorno del club y por la aureola de unos jugadores a los que decidió dirigir ‘desde la admiración’ después de verlos por la televisión.
Andoni Zubizarreta: Si Txiki Begiristain dejó morir al Barcelona de Rijkaard, Andoni Zubizarreta (director deportivo) ha hecho lo propio con el de Guardiola. Tenía que fichar un central y acabó fichando a Song. Debía contratar un entrenador para sustituir a Vilanova, y al ‘Tata’, como a Neymar, lo acabó fichando Rosell. A ‘Zubi’ le ha faltado visión.
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