Rumiñahui, el equipo no conocido de “Sir Anthony”

28 de mayo de 2011 - 00:00

Antonio Valencia salió del Caribe Junior de su natal Lago Agrio, llegó a El Nacional, equipo en el que se formó y  después triunfó en la selección. Emigró al Villarreal de España, luego al Recreativo, fue cedido al Wigan de Inglaterra y hoy está en el Manchester United, con el que llegó a la final de la Champions en Wembley  (hoy 13:45).

Pero el “Toño” jugó en un equipo más en su carrera. No es el “eslabón perdido”, ni cambió el curso de su vida futbolística, pero sí alteró la del club Rumiñahui de Machachi, en los tres partidos que el extremo derecho actuó en el campeonato de la Liga Cantonal de Mejía.

A finales de 2001 arribó a Tumbaco  para jugar por los “criollos” y el año siguiente vistió los colores amarillo y azul del club de Machachi. Sin embargo, su calidad de juego y técnica, a veces, se veían afectados, principalmente, porque extrañaba a su madre, Teresa Mosquera.

“A mí siempre me contó que era muy apegado a su mamá y no se acostumbraba a Tumbaco. Por eso no rendía lo que podía”, aseguró Óscar Montúfar, quien en ese tiempo jugaba en la Sub 18, mientras que Valencia lo hacía en la 16.

28-05-11-deportes-ficha-y-camisa-valencia-ruminahuiEl entrenador  Carlos Gutiérrez era muy estricto, cuenta Montúfar, por lo que amenazó con sacarlo del once cuando rendía. El padre del “Toño”, del mismo nombre, pensó en llevarlo de vuelta a su tierra, pero apareció Moisés, papá de Óscar para ayudar al jugador.

Valencia pasaba solo en la concentración y por la amistad que surgió entre él y Montúfar, el padre de este le sugirió que se mude a su casa, porque tenía unos cuartos extras.

Ahí vivió tres meses y su juego mejoró notablemente, pues se sentía más cómodo en un ambiente familiar. Quería destacar y poder ganar dinero para enviárselo a su familia, pero los kilómetros que lo separaban de su  madre aún le producían tristeza.

El jugador de 16 años, en ese entonces, llamaba por teléfono de monedero, para poder escuchar la voz de su mamá por unos segundos, pues no tenía para pagar una comunicación más larga. Con ese breve contacto se   contentaba.

Montúfar continuaba ligado a El Nacional y actuó casi toda la temporada 2002 con el Rumiñahui. Con Valencia en su hogar, lo convenció para ir a jugar a Machachi, con la consigna de que ganaría algo de dinero para su familia. Ambos jugaron juntos.

Era la parte final del torneo y el club estaba a punto de descender. El volante llegó como refuerzo para los tres partidos finales, ya que el reglamento de la liga permite vincular a jugadores juveniles de equipos profesionales.

Ocho goles en tres partidos alcanzó a convertir Valencia, antes de que lo asciendan de categoría en El Nacional y con eso dejó de jugar para el club Rumiñahui. “Toño” jugó como delantero esos partidos, por su velocidad y desequilibrio, que ya se evidenciaban a sus 16 años.

“Yo vi esos partidos. Era un jugador fabuloso y causó gran impresión de inmediato. Después de mucho tiempo, cuando se hizo reconocido, la gente hablaba de que el mejor jugador del país había jugado  en el Rumiñahui”, aseguró Manuel Nieto, hasta hoy secretario  del equipo.

El último partido de Valencia como amateur fue el 13 de julio de 2002, en el clásico entre Rumiñahui y Cosmos. La victoria le aseguraba la permanencia en esa  categoría a su equipo. Esa mañana  ganaron 3-2 y Valencia marcó 2 de los tres goles,   unos minutos antes de  concluir el partido, cuando el marcador estaba 2-2. Después de eso no lo vieron más.

Ramiro Pozo,  miembro de la comisión de fútbol, contó  que por partido le pagaban $ 15, pero hinchas y otros directivos le daban algo extra por sus buenas actuaciones.

Inclusive, como una anécdota, un aficionado le ofreció “regalarle a su hija”, con tal de que Antonio no dejara de jugar en el club.

Cristian Pozo, volante cinco del equipo de 2002, resaltó el hecho de la llegada de Valencia. “Sabíamos que iba a ser un buen refuerzo por el simple hecho de ser de un equipo profesional, pero para nada nos imaginábamos lo que iba a suceder después”, compartió.

El contacto se perdió y solo Montúfar hablaba con Valencia cuando estaba en El Nacional y la selección. “Él siempre fue un agradecido con mi familia. Se portó bien, mas   era un poco receloso, aunque no abusivo con las cosas en la casa”, añadió.

En Machachi  esperan   rendirle un homenaje en cualquier momento, ya que Valencia tiene presente que pasó por Rumiñahui y ayudó para  que el equipo no descendiera de categoría.

Desde el maltrecho césped del estadio Polideportivo de Machachi, hasta la alfombra verde de Wembley, Valencia ha dejado huellas en todos los equipos por los cuales ha pasado.

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