Una guitarra y un violonchelo se ganaron el cariño del público
Anoche, obras musicales de Antonín Leopold Dvořák, Engelbert Humperdinck, Félix Mendelssohn y Eduardo Angulo fueron interpretadas por la Orquesta Sinfónica Nacional en la Casa de la Música. Con pocas butacas vacías y una orquesta vestida de negro, el público disfrutó de una velada donde músicos invitados se robaron los aplausos.
Una guitarra y un violonchelo fueron los protagonistas de la noche. La primera estuvo a cargo del alemán Michael Tröster quien mantuvo la concentración del público en sus blancas manos mientras rasgaba las cuerdas o le daba algunos golpes suaves a su guitarra. Interpretó ‘Allegro assai’, ‘Andante’ y ‘Allegro vivace’ en una intervención que duró aproximadamente 24 minutos.
El violonchelo estuvo a cargo del español-ecuatoriano Francisco Vila quien aseguró sentirse muy honrado de volver a su país y de tocar por primera vez junto a la Orquesta Sinfónica Nacional. Toco ‘Allegro’, ‘Adagio ma non troppo’ y ‘Allegro moderato’.
Vila fue el encargado de concluir la velada pero no sin antes dar una sorpresa a su público. Finalizó la noche con un solo entonando la Zarabanda de la tercera suite de Johann Sebastian Bach la cual no estaba prevista en el programa.
Las paredes y el piso vibraron en cada una de las piezas musicales, los finales fuertes y sonoros hicieron que el público aplaudiera con efusión en más de una ocasión. (I)
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