“Senzoninaru", una película documental sobre un hombre que perdió su hogar en la tragedia que arrasó el noreste de Japón en marzo de 2011 y logró finalmente construirse otro en la misma zona, llegó ayer a las pantallas niponas.
"Senzoninaru", que en japonés se puede traducir como "Convertirse en un ancestro" aunque en inglés se ha titulado "Roots" ("Raíces"), ha sido dirigida por Kaoru Ikeya y se ha proyectado fuera de concurso en la presente edición del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale), que concluyó ayer.
Ikeya, de 54 años, es conocido en Japón por su documental "Ari no heitai" ("Las hormigas"), que gira en torno a soldados del ejército imperial nipón a los que se forzó a permanecer en China tras el final de la II Guerra Mundial.
Su nueva película sigue los pasos de Naoshi Sato, un agricultor de 78 años de la localidad de Rikuzentakata, una de las más castigadas por el tsunami del 11 de marzo en la prefectura de Iwate.
Sato, que vivía del cultivo de arroz y de la tala, perdió su casa y a su hijo mayor a causa del tsunami.
Pese a la dureza emocional del golpe, Sato se prometió a sí mismo un mes después del terremoto recuperar su vida previa a la tragedia. De este modo comenzó a serrar troncos para construir una nueva casa allí donde se levantaba la suya y también a plantar arroz en una parcela que alquiló a un amigo.
En contra de los deseos de sus familiares y conocidos, Sato se negó a trasladarse a vivir en una de las viviendas temporales que el Gobierno nipón dispuso para los afectados por el tsunami. Durante ese tiempo, permaneció alojado en una choza situada cerca de su antigua casa.
Sato cumple paso a paso sus objetivos en el filme, que está salpicado de detalles de humor, según su director.
"Dado que han pasado dos años desde el desastre, quería crear una obra con una mirada positiva y hacia adelante”, dijo Ikeya.
“Creo que los espectadores verán que la vida de Sato está en sintonía con la naturaleza, algo que los japoneses han perdido”, explicó el director en una reciente entrevista concedida a la agencia Kyodo.
“Yo solo hice lo que creía que tenía que hacer, pero me sentiría más que feliz si la película inspirase a más gente a la hora de lograr sus sueños y perseverar”, explicó por su parte Sato en la misma entrevista.
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