El decimoprimer ministro de Cultura, Raúl Pérez Torres, calzó muy bien en la ambigüedad del Gobierno, pues no ha existido en esta administración ningún Plan de Cultura. Ninguno. Un funcionario ausente, ineficiente, débil, desvinculado y alejado del sector cultural ha sido la norma. Su incapacidad para liderar demandas justas del sector ante los poderes Ejecutivo y Legislativo -demostradas, por ejemplo, en la última e histórica movilización del sector del cine y el audiovisual que logró la No derogatoria del Art. 98 de la Ley Orgánica de Comunicación- no tuvo en este ministro ninguna participación, ningún aporte que contribuyera a la solución de un problema que afectaba profundamente a la naciente industria del audiovisual ecuatoriano. Un ministro que no ha sido capaz de poner en ejecución una Ley Orgánica de Cultura aprobada en diciembre de 2016 y cuyo reglamento aún duerme el sueño de los justos en alguna gaveta de algún funcionario del MCyP. (I) et
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